Transcurrían 116 minutos y la siempre dramática tanda de penales amenazaba con hacerse presente en la definición del título. Sin embargo, emergió Andrés Iniesta, el jugador con el dorsal Nº 6, nacido el 11 de mayo de 1984 en Albacete, en el seno de una familia trabajadora.
El pase de Fábregas fue perfecto y el resto quedó a cargo del Cerebro del seleccionado español, que estaba perfectamente habilitado, a pesar del iracundo reclamo de los defensores holandeses. Y el talentoso volante no dudó. Sacó un derechazo cruzado, perfecto, que superó las manos y las piernas extendidas de un desesperado Stekelenburg. Y salió como una tromba para el festejo, que lo tenía bien preparado. Se sacó la casaca y debajo de ella tenía una especial dedicatoria para Dani Jarque, un malogrado joven futbolista que falleció el 8 de agosto del 2009 en plena concentración de su club, Espanyol. El diario español Marca destacó que Iniesta quiso que el mundo viera que Dani seguía con ellos. Este defensor falleció en el mejor momento de su carrera, cuenta el diario. Y un amigo lo recordó en el minuto más glorioso de su país.
ANDRÉS INIESTA MARCÓ DE UN DERECHAZO EL TANTO QUE VALIÓ UN MUNDIAL.