12 abr. 2026

El disco de la honestidadciudadana está rayado

Por Mario Rubén Álvarez - alva@uhora.com.py

Nadie les da patentes de corso, como hacían antes los reyes u otras autoridades con los piratas. Tampoco, tal como sir Francis Drake, tienen protectoras (la reina Isabel I de Inglaterra) que les nombren caballeros, “reconociendo” sus pillerías marinas a favor de la Corona.

No es posible hallar tampoco novelistas como Stevenson o Salgari que los ubiquen en una isla del tesoro o los incluyan en una escena con el Corsario Negro. Mucho menos les retratan películas grotescas como Piratas del Caribe.

Ni siquiera andan por turbulentas aguas para tomar por asalto, en abordajes sangrientos, barcos repletos de oro que de América llevaban los españoles, quienes ahora les niegan un puesto de trabajo a nuestros compatriotas.

Estos son piratas del siglo XXI que andan por nuestras calles en lujosas camionetas y viven en mansiones más dignas de Beverly Hills que de Las Carmelitas.

Los piratas nacionales son los que cuentan con sofisticados equipos de grabación y hurtan el fruto del talento y del sacrificio de los artistas, para casi regalarlo a sus cómplices, los que adquieren discos de música, devedés de películas y otros soportes dados por la tecnología actual.

En una palabra, son mondaha que no llegan a un banco con una metralleta o descienden velozmente de una moto para asaltar a una anciana indefensa, pero también se apoderan de lo ajeno.

Los “empresarios” de este ramo son los verdaderos piratas. Sus vendedores de la calle son sus brazos largos, aquellos que públicamente ofrecen una mercancía que todo el mundo -incluyendo a los que no tendrían que ponerles en vereda, sino sacarlos de allí- sabe que es trucha.

Los piratas de hoy son sumamente eficientes. Nadie les puede negar ese “mérito”. Apenas aparece una película exitosa, ellos -aunque sea con subtítulos en chino- ya la tienen.

Los discos de Quemil Yambay y Generación todavía no están en las disquerías y ellos ya están vendiendo “a 5 mílnte che patrón”.

Los pirateadores han puesto en circulación un nuevo criterio de evaluación de las obras. Todo material que alardee de exitoso tiene que recibir el “aval” de la piratería.

La película 7 Cajas está empezando a ratificar su viento favorable a través del circuito piratero, aunque en el Mercado 4 el cartelito diga que allí no se venden copias robadas.

Una golondrina, sin embargo, no hace primavera. El disco de la piratería seguirá girando porque el Poder Judicial y la Policía no funcionan. La honestidad ciudadana tampoco.