12 abr. 2026

El desafío de la innovación

Por Yan Speranza(*) |

Hace más de cuarenta años, en julio del año 1969, llegaba por primera vez el ser humano a la luna, y cuando al astronauta Neil Armstrong le tocaba el honor de ser el primero en pisar el satélite terrestre, pronunció su famosa frase: “Este es solo un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

En realidad, menos de una década antes de este hito, en el año 1961, el presidente Kennedy había anunciado que antes de que finalice dicha década los EEUU llevarían a un ser humano a la luna, y lo traerían de vuelta sano y salvo.

Este anuncio dio origen a una carrera frenética para lograr el objetivo propuesto en un momento histórico, en el cual sencillamente no existía aún la tecnología disponible para dicho fin. Es decir, en menos de una década había que dar saltos cualitativos enormes en varias áreas del conocimiento. En otras palabras, había que innovar en base a los mejores talentos disponibles. Si solo se hubiese planteado un proceso de pequeñas mejoras continuas a lo ya existente, sin los saltos de la innovación, probablemente no se llegaría a la meta en el tiempo propuesto.

Traigo esta historia a colación, porque siento que nuestra sociedad necesita plantearse verdaderas innovaciones que nos permitan dar saltos cualitativos importantes. Pues solo mejorando de a poco lo que ya se tiene no nos alcanza y es francamente insuficiente.

El Paraguay ha tenido una historia de admirable estabilidad en muchos aspectos, considerando que más allá de las dificultades propias del desarrollo no tuvimos profundas crisis sociales y económicas como muchos de nuestros vecinos. Un ejemplo claro es nuestra propia moneda, el guaraní, que prácticamente es la única que ha permanecido estable y sin cambios en el subcontinente en las últimas 5 décadas.

Sin embargo, esta estabilidad, que sin dudas es una virtud y una buena base para avanzar, puede convertirse también en una insoportable quietud conservadora, con una pérdida paulatina y constante de la capacidad de innovación.

Creo que hoy existen numerosos esfuerzos dignos de ser destacados en varios frentes de la administración pública, gremios empresariales y organizaciones de la sociedad civil, pero en su mayoría se limitan a mejorar y re-encauzar las cosas como se venían haciendo anteriormente. No percibo muchas ideas genuinamente innovadoras, superadoras y transformadoras de la realidad, y que sean lo suficientemente motivadoras para aglutinar a la población en torno a ellas, convocando a los mejores talentos para encontrar los caminos y generar los saltos cualitativos que necesitamos.

Solo hace una década atrás, no podría imaginarse, por ejemplo, que prácticamente toda la población paraguaya tenga acceso a comunicación telefónica, cuando en ese entonces nuestra empresa estatal de comunicaciones apenas llegaba a unas 300.000 líneas de teléfono. El tremendo salto cualitativo no se generó con la mejora incremental de la capacidad de ofrecer más líneas por parte de la telefónica estatal, sino por la gran innovación que representó la telefonía celular con empresas muy dinámicas que innovaron en procesos, acceso a mercados, servicios nuevos, etc., generando en el camino miles de nuevos puestos de trabajo y abriendo un mundo de nuevas posibilidades.

Creo que estamos viviendo una silenciosa crisis de innovación. No se la percibe como prioritario o verdaderamente importante. Por ello, necesitamos instalar el debate de lo que significa realmente la innovación, cómo podemos promoverla, cómo identificar a los innovadores e invitarlos a trabajar juntos. En fin, cómo empezar a internalizar en nuestra sociedad esta palabra de la cual depende en gran medida nuestra posibilidad de desarrollo.

Y de vuelta, qué importante es que los líderes de los diferentes sectores -volviendo al paralelismo con lo planteado por Kennedy- susciten las utopías movilizadoras que obliguen a la innovación acercarse a ellas.

(*)Director del Club de Ejecutivos del Paraguay