15 jun. 2024

El desafío de la educación es dar calidad a la cantidad

El indicador de que en los últimos diez años hay un 77 por ciento más de jóvenes que han accedido a la educación es auspicioso, pero está lejos de reflejar una mejor preparación para enfrentar con éxito los desafíos de la vida laboral y personal. Hay mayor acceso, pero el contenido de lo que aprenden en las aulas de escuelas, colegios y universidades es insuficiente para constituir un parámetro de cambio en las condiciones socioeconómicas en las que se desenvuelven la mayoría de ellos. Siendo así, los números favorables se tornan un espejismo porque carecen del ingrediente de la eficacia que requiere toda formación sustentable. El desafío de los gobernantes y la sociedad civil es dar calidad a la cantidad.

Un reciente informe del prestigioso Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), institución no gubernamental dedicada a las investigaciones en el sector económico, señala que en los últimos diez años ha aumentado sustancialmente la cantidad de jóvenes que acceden a la educación formal en nuestro país.

Los números indican que en el 2002 había 400.000 personas de entre 15 y 24 años que recibían enseñanza en instituciones públicas o privadas, en los diversos niveles. Una década después, esa cifra trepó a 700.000. Esto implica un 77 por ciento más de jóvenes que tienen acceso a la educación en aulas.

Las cifras revelan que hay cierto grado de conciencia social acerca de la relevancia de los estudios para alcanzar mejores condiciones de vida en la sociedad. También, que las condiciones socioeconómicas de los estudiantes les permiten invertir —a ellos, en los casos de los que trabajan para solventar sus estudios, o sus padres— en una formación de mayores pretensiones.

Una posible explicación de este fenómeno es que se han incrementado las posibilidades de acceso a instituciones públicas en los niveles de la Enseñanza Escolar Básica y la Enseñanza Media. A ello hay que agregar la gran eclosión de universidades e institutos que hubo en la década de 1990 y en el comienzo del siglo XXI a lo largo y ancho del país.

Con el aumento de las oportunidades para estudiar, se incrementó también la cantidad de jóvenes ávidos de contar con un título que los vuelva idóneos para ejercer una profesión y obtener ingresos suficientes para llevar una vida digna dentro de la sociedad.

Esos números son alentadores porque reflejan la toma de conciencia acerca de la necesitad de contar con una mejor formación para salir de la pobreza e insertarse en el circuito de los requerimientos de esta época, dominada por la tecnología de la comunicación y la necesidad de capacitarse mejor para contar con trabajos mejor remunerados.

Paradójicamente, son también engañosos porque un elevado porcentaje asiste a clases y obtiene un título, pero sale sin el valor agregado de conocimientos sólidos que le permitan ejercer con eficiencia una profesión, competir con éxito en los concursos de oposición y alcanzar otros objetivos en su tiempo de vida productiva.

La relevancia del estudio del Cadep es que permite visualizar en cifras un aspecto de la realidad. Se puede leer entre líneas que el aumento del acceso a la educación no implica siempre la incorporación de saberes teórico-prácticos eficientes que permitan a los estudiantes cambiar de vida.

Por lo tanto, el inmediato gran desafío del Gobierno –compuesto por los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial– y de la sociedad civil es sumar a la cantidad el componente de la calidad que implique, a su vez, equidad, a través de medidas eficaces que acaben con la estafa de estudiar sin alcanzar la idoneidad solicitada en los diversos ámbitos profesionales.

Los ajustes tienen que producirse en todas las etapas de la formación de los alumnos, tanto en el sector público como en el privado. La meta es clara: buscar la coincidencia entre los números y la excelencia de la formación.

Más contenido de esta sección
Las ventas al público en los comercios pyme de Argentina cayeron un 25,5% interanual en febrero pasado, golpeadas por la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores a causa de la elevadísima inflación, y acumulan un declive del 27% en el primer bimestre del año, según un informe sectorial difundido este domingo.
El mandatario decidió crear el fondo nacional de alimentación escolar esperando un apoyo total, pues quién se animaría a rechazar un plato de comida para el 100% de los niños escolarizados en el país durante todo el año.
Un gran alivio produjo en los usuarios la noticia de la rescisión del contrato con la empresa Parxin y que inmediatamente se iniciaría el proceso de término de la concesión del estacionamiento tarifado en la ciudad de Asunción. La suspensión no debe ser un elemento de distracción, que nos lleve a olvidar la vergonzosa improvisación con la que se administra la capital; así como tampoco el hecho de que la administración municipal carece de un plan para resolver el tránsito y para dar alternativas de movilidad para la ciudadanía.
Sin educación no habrá un Paraguay con desarrollo, bienestar e igualdad. Por esto, cuando se reclama y exige transparencia absoluta en la gestión de los recursos para la educación, como es el caso de los fondos que provienen de la compensación por la cesión de energía de Itaipú, se trata de una legítima preocupación. Después de más de una década los resultados de la administración del Fonacide son negativos, así como también resalta en esta línea la falta de confianza de la ciudadanía respecto a la gestión de los millonarios recursos.
En el Paraguay, pareciera que los tribunales de sentencia tienen prohibido absolver a los acusados, por lo menos en algunos casos mediáticos. Y, si acaso algunos jueces tienen la osadía de hacerlo, la misma Corte Suprema los manda al frezzer, sacándolos de los juicios más sonados.
Con la impunidad de siempre, de toda la vida, el senador colorado en situación de retiro, Kalé Galaverna dijo el otro día: “Si los políticos no conseguimos cargos para familiares o amigos, somos considerados inútiles. En mi vida política, he conseguido unos cinco mil a seis mil cargos en el Estado...”. El político había justificado así la cuestión del nepotismo, el tema del momento.