12 abr. 2026

El Concilio Vaticano II: Una gracia de Dios

Por pa’i Oliva
oliva@rieder.net.py
El Sínodo Extraordinario de la Iglesia Católica fue expresivo en su valoración: “el Vaticano II ha sido una gracia de Dios y un don del Espíritu Santo, del que se han derivado muchísimos frutos para la Iglesia Universal y las Iglesias particulares, así como también para los hombres y mujeres de nuestra época”.
En frase de muchos fue como abrir las puertas y ventanas de la Iglesia, que se llenaron de aire puro y fresco. Lo curioso es que durante el Concilio Vaticano II hubo una minoría, muchas veces fijada en los obispos de la Curia romana, que estuvieron en contra de esta apertura. Minoría que ha ido tomando fuerza y nos quiere hacer creer que el Vaticano II no fuera tan positivo para nuestra Iglesia. Como si el hubiera tenido la culpa de todos los problemas actuales, cuando sus raíces vienen precisamente de antes del Concilio y a muchos de los cuales el Concilio intentó dar solución, pero no le fue posible por el influjo de esa minoría.
Por supuesto que hubieron exageraciones en su implementación, pero fueron mínimas comparadas con lo que significó la Iglesia como Pueblo de Dios, el Decreto Luz de las Gentes, o lo más popular como fue el poder tener la Eucaristía y las Sagradas escrituras en la lengua de cada uno, de modo que fueran inteligibles para todos.
Me da miedo pensar en una Iglesia Católica que hubiera llegado al siglo XXI con la mentalidad del Concilio de Trento. ¡Gracias Padre Dios por el Vaticano II!