15 jul 2026

El buque que abrió el fuego de la Gran Guerra, testigo ruinoso del siglo XX

Belgrado, 13 abr (EFE).- Sus cañones fueron los que abrieron las hostilidades de la I Guerra Mundial: el monitor Bodrog, el orgullo de la armada Austro-Húngara, sobrevive hoy como plataforma de una gravera tras haber sido testigo de un siglo de la Historia de Europa y haber servido bajo cuatro banderas distintas.

El Bodrog, un tipo de buque de guerra fluvial con blindaje pesado, botado en 1904 con los mayores adelantos técnicos de la época, orgullo de la armada Austro-Húngara, que bombardeó la capital serbia poco antes de la medianoche del 28 de julio de 1914, abr

El Bodrog, un tipo de buque de guerra fluvial con blindaje pesado, botado en 1904 con los mayores adelantos técnicos de la época, orgullo de la armada Austro-Húngara, que bombardeó la capital serbia poco antes de la medianoche del 28 de julio de 1914, abr

El Bodrog, un tipo de buque de guerra fluvial con blindaje pesado, había sido botado en 1904 con los mayores adelantos técnicos de la época, y bombardeó la capital serbia poco antes de la medianoche del 28 de julio de 1914.

Sus cañones de 120 milímetros abrieron así las hostilidades de un conflicto que se prolongaría cuatro años más y dejaría millones de víctimas y una Europa destrozada.

La poderosa armada del Imperio Austro-Húngaro desempeñó un importante papel en su campaña contra Serbia, país al que responsabilizaba del asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono, un mes antes en Sarajevo.

Los ríos Sava y Danubio, que fluyen por Belgrado, representaban la frontera directa entre el Imperio y Serbia, explicó a Efe el historiador Milan Gulic.

“El ataque, lógicamente, comienza desde los ríos, va directo contra la capital debido a su inmediata cercanía”, indicó Gulic, del Instituto para la historia contemporánea.

Además de la importancia geográfica, fue también esencial la “presión sicológica” y el miedo que infundían este tipo de barcos, ya que su blindaje era insuperable para las defensas serbias hasta que meses después llegó munición especial desde Rusia, Francia y el Reino Unido.

El monitor Bodrog fue construido en 1904 en los astilleros de Budapest. En los primeros dos años de la I Guerra Mundial patrulló los ríos en Serbia y luego operó en Rumanía.

Al final del conflicto se trasladó a la desembocadura del Danubio para proteger, junto a otros dos buques, la retirada de las tropas.

“El Bodrog fue el último monitor que se retiró hacia Budapest y el único que no llegó al destino. El 31 de octubre (de 1918) chocó en la niebla contra un banco de arena cerca del pueblo de Vinca”, recordó Gulic.

Los intentos de recuperarlo fueron inútiles y el barco quedó en manos serbia, como botín de guerra.

En 1921, rebautizado ya como Sava, entró en la flota del recién creado Reino de Yugoslavia.

Durante la II Guerra Mundial fue hundido en dos ocasiones por la propia tripulación. Primero en 1941, para que no cayera en manos de los alemanes; y luego en 1944, cuando el buque era operado por el régimen pronazi croata.

Entre 1952 y 1962 formó parte de la Armada de la Yugoslavia comunista y luego fue entregado a una empresa estatal, más tarde privatizada, que lo sigue usando hoy como muelle flotante de una explotación de grava.

Las peticiones para que el barco fuera convertido en museo lograron que en 2005 fuera declarado “bien cultural técnico”, lo que evita que el arruinado buque acabe como chatarra. Pero aparte de eso, poco más se ha hecho para salvarlo.

“Si ya tenéis esa circunstancia favorable de que aún existe algo que fue hundido tres veces y sobrevivió más de cien años todavía existe, habría que aprovecharlo. Es uno de los dos (barcos) que quedan de aquella época”, dijo Gulic.

“Ese monitor es parte de un patrimonio más amplio, una historia serbia y austríaca, más aún porque ya existen objetos así, que ahora son únicos. Debería ser preservado, reconstruido”, declaró a Efe Danilo Sarenac, miembro del Instituto de Historia Contemporánea en Belgrado.

“Es Historia viva y tiene potencia para el turismo”, consideró.

Si se convierte en alguna variante de museo, podría ser dedicado no sólo a la I Guerra Mundial, sino “también al intento de Serbia de tener su flotilla,” según Sarenac. Snezana Stanojevic

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