Editorial

El acuerdo automotor implica importantes desafíos para el país

Autoridades nacionales y del Brasil concretaron la semana pasada en Paraguay la firma del acuerdo automotor bilateral. Este convenio sienta las bases para mejorar el relacionamiento económico entre las industrias del sector en ambos países. Paraguay necesita impulsar su sector industrial, por lo que este acuerdo podría constituir un punto de partida. Esperemos que el desafío asumido ayude a mejorar su posicionamiento en las cadenas de valor, de manera a aumentar el valor agregado, la transferencia tecnológica y la calidad del trabajo generado. Ojalá las autoridades comprendan la potencialidad y no se queden en las fotos y discursos, con una mirada cortoplacista y conformista.

El acuerdo constituye una oportunidad para aumentar la seguridad económica que necesita la inversión. Uno de nuestros mayores déficits para captar capitales y fortalecer la inserción internacional es la estabilidad política y económica.

Cualquier índice que compara Paraguay con el resto de los países del mundo nos ubica en los últimos lugares, lo que nos obliga a implementar medidas que han demostrado ser ineficaces y que no contribuyen con nuestro desarrollo, como, por ejemplo, las exoneraciones tributarias, tal como lo han señalado también una multiplicidad de informes de organismos internacionales.

El documento contiene múltiples aspectos que deberán ser estudiados y difundidos por las autoridades que tienen competencia en la política industrial, lo cual incluye, por ejemplo, al Ministerio de Educación y a las universidades.

Entre las medidas a destacar se encuentran el libre comercio de productos automotores entre ambos países y el acceso preferencial al Brasil de autopartes producidas por Paraguay bajo el régimen de maquila. Estas medidas permitirán mantener la industria actual, que en algún momento enfrentó algunos riesgos por la falta de acuerdo.

Otras medidas, como la relativa al desarrollo de vehículos con nuevas motorizaciones, como por ejemplo los eléctricos, constituyen una oportunidad para Paraguay si logra aspirar a un proceso de industrialización con mayor innovación tecnológica y productividad.

El aprovechamiento pleno de este acuerdo nos debe obligar a mejorar en muchos aspectos, de otra manera seguiremos solo como proveedores de insumos baratos en los últimos eslabones de las cadenas de valor globales, mientras que continuaremos importando bienes de mayor valor agregado. Así, la mayor parte de los beneficios de cualquier acuerdo se quedan de igual manera en los demás países, sin que puedan constituirse en instrumentos para el desarrollo nacional.

Uno de los grandes desafíos en este sentido es garantizar una mayor cobertura y calidad de servicios públicos, especialmente de la educación. Si la concreción de nuevas reglas entre los países no se convierte en mejores empleos y de mayor productividad y, por esa vía, en un aumento de los ingresos y del bienestar de las familias paraguayas, es irrelevante festejar ventajas para Paraguay.

Solo en la medida en que logremos impulsar una transformación educativa y la provisión de buenos servicios de energía eléctrica, agua e internet podremos aspirar a una industrialización de calidad y por esa vía insertarnos en el mundo en cadenas globales cuyos beneficios se queden también en Paraguay. En definitiva, necesitamos una transformación productiva que nos integre a cadenas de valor en eslabones con mayores efectos multiplicadores, con una productividad sostenida por la innovación tecnológica y no por ventajas tributarias o por los bajos costos laborales.

Este acuerdo nos da la oportunidad de cambiar nuestro modelo de inserción internacional, lo cual nos exige profundas mejoras en muchos ámbitos. Ojalá las autoridades comprendan la potencialidad y no se queden en las fotos y discursos, con una mirada cortoplacista y conformista.

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