15 jul 2026

“El acceso a la información necesita una ley que fije las reglas de juego”

Por Susana Oviedo

Guilherme Canela.  Licenciado en Relaciones Internacionales y máster en Ciencias Políticas.

Guilherme Canela. Licenciado en Relaciones Internacionales y máster en Ciencias Políticas.

soviedo@uhora.com.py

Guilherme Canela, coordinador del sector de Comunicación e Información de la Oficina de la Unesco en Montevideo (Uruguay), estuvo en Paraguay, invitado para ofrecer una conferencia por el Día Mundial de la Libertad de Expresión, que se conmemora el 3 de mayo. Por ocho años este investigador coordinó el departamento de estudios sobre medios de comunicación y periodismo de la Agencia de Noticias de los Derechos de los Niños (ANDI). En Asunción, hablamos con él de libertad de expresión.

–Hay un dispar avance en la vigencia de la libertad de expresión de los países latinoamericanos. ¿Cómo describe la situación actual en esta materia?

–La libertad de expresión quizá sea uno de los derechos más complejos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, porque trabaja distintas características sobre las que la gente no se entera. La mayoría lo asocia al derecho de hablar sin ser censurado al derecho de la prensa. Sin embargo, más allá de estos aspectos que son más evidentes, estamos hablando que la protección de la libertad de expresión tiene que ver con el acceso a la información pública, con fortalecer las sociedades del conocimiento, con toda la nueva discusión que se plantea con relación a internet. Por eso, cuando nos preguntamos cómo está la libertad de expresión en América Latina tenemos que pensar en cómo están las libertades de expresión en estos varios sentidos, porque en un mismo país puede haber una buena ley de acceso a la información pública, pero hay una alta concentración de medios en manos de pocos. Entonces es muy difícil hacer una evaluación muy generalizante del cuadro, porque es un tema lleno de tensiones y complejidades.

–Pero debe haber algunas líneas resaltantes actualmente…

–Sí. Por ejemplo, en materia de acceso a la información pública la tendencia es positiva. A fines de los años 80, en América Latina teníamos un solo país con ley de acceso a la información pública. Hoy son 15 y algunos con muy buenas prácticas. En materia de la participación de la sociedad civil en las discusiones de libertad de expresión, América Latina también tiene un cuadro muy positivo. Tiene una sociedad civil muy activa, organizada. Hay una alianza regional sobre el tema. En los foros sobre internet y libertad de expresión es una de las más presentes. Además, hay una revitalización del concepto de medios públicos, y respecto a los medios comunitarios, salimos de años en los que ni siquiera había un reconocimiento legal de estos. Ahora, es verdad que hay temas viejos y nuevos que son muy complicados, que ofrecen un riesgo claro a varias de estas áreas de la libertad de expresión.

–¿Cuáles son esos riesgos viejos y nuevos?

–Entre los viejos problemas está el tema de la seguridad de los periodistas. Desafortunadamente, cada vez tenemos más casos de violencia contra periodistas. Una violencia que va de la menos sofisticada y grave, que es el asesinato, a mecanismos más sofisticados.

Se utiliza el Poder Judicial para intentar callar a los periodistas; hay lo que Unesco está llamando violencia digital, gente que hackea la cuenta de Gmail de periodistas para descubrir sus fuentes de información. Hay violencia psicológica, amenazas, etc. Es un tema muy grave que está presente con distintas tonalidades en varios países. Otro tema que saltó con el crecimiento de las protestas sociales en varios países es el miedo a la forma como reaccionan los gobiernos, cuando las voces son en contra de lo que piensan los gobernantes de turno. En cuanto al rol de las empresas de comunicación, en algunos países hay un avance, tanto entre las empresas como de los profesionales de comunicación, de un debate serio de autorregulación. O sea, de más códigos de ética, lo que es fundamental también para proteger la libertad de expresión.

Finalmente, sobre los nuevos temas, todo lo que está relacionado a la libertad de expresión e internet todavía sigue siendo un gran interrogante. Ahí está la nueva frontera de esta discusión.

–¿Cuál es la lección aprendida sobre la regulación de la propiedad de los medios?

–Hay países que avanzaron en proponer buenas leyes de medios, en el sentido de que son leyes pluralistas, y otros que utilizaron este mismo concepto, pero de manera equivocada, para censurar a los medios, para restringir, etc.

Hay cuestiones importantes que observar: primero, el método para llegar a una buena regulación de estos temas debe ser participativo. Todas las partes interesadas –empresarios, sociedad civil, gobierno, académicos, profesionales de la comunicación– tienen que estar en la discusión.

Segundo, no estamos partiendo de cero; hay un conocimiento acumulado en el sistema internacional. Otras democracias consolidadas regulan estos temas y tienen sus experiencias buenas y malas.

Tercero, hay estándares internacionales muy claros, sea en el sistema interamericano, sea en Unesco, sobre cuáles son los elementos de una buena regulación de esta materia.

Cuarto, la cuestión de la pluralidad y la diversidad es central para proteger la libertad de expresión. Pero no hay que creer que la única regulación para eso es la desconcentración de la propiedad de los medios. Es importante pensar también en fortalecer los sistemas público y comunitario, en tener cuotas de contenidos regionales, independientes, locales, nacionales, etc. Quinto, nada de eso funciona sin el establecimiento de un órgano regulador independiente.

–Sobre el derecho de acceso a la información pública, existen dos posiciones: una que rechaza cualquier ley que regule este derecho y otra que ve indispensable una ley. Hay algunos periodistas que ven en una ley la herramienta de censura que el poder político puede utilizar. ¿Qué opina al respecto?

–Yo diría que, quizá, más que otros elementos de la libertad de expresión y de prensa, el acceso a la información necesita de ley específica, por una razón muy sencilla: acá las reglas del juego son centrales. Tiene que establecerse en cuántos días el funcionario público tiene que entregar una información, una vez solicitada. Qué pasa si no lo entrega, cómo el ciudadano o el periodista debe hacer el pedido de acceso.

–O sea, la ley puede tener sus problemas o complejidades...

–Sí, esta ley tiene una cierta complejidad porque el derecho puede estar en la Constitución, como lo está en la paraguaya. Pero la cuestión es cómo hacer, como implementarla, como va a funcionar el órgano de apelación, etc. Yo no veo otra forma de que estos elementos estén presentes sin que haya una ley que fije las reglas de juego.

–¿Qué me dice del temor a la censura?

–Nunca había escuchado eso. Creo que hay una confusión cuando se dice que una ley de acceso a la información puede tener un impacto negativo en la libertad de prensa, por lo siguiente: los estándares internacionales de acceso a la información pública solo amplían la libertad de expresión y de prensa. De eso no hay ninguna duda. Si la ley está en línea con esos estándares internacionales, la consecuencia es más libertad de expresión, más libertad de prensa. Desafío a probar que no es así.

–¿Quiénes demandan esta legislación en otros países?

–En la mayoría de los países con leyes de acceso a la información, estas empezaron a debatirse por demanda de los periodistas. En Brasil fue la Asociación de Periodistas de Investigación; en Estados Unidos, lo mismo. Si la ley incluye cláusulas que pueden limitar la libertad de expresión, es otra cosa. Pero eso no tiene nada que ver con el concepto de acceso a la información pública. Si la ley es mala, es mala, y ese es otro problema. No existe posibilidad del ejercicio integral del periodismo de investigación, del periodismo de calidad, sin ley de acceso a la información pública.