Todos los días, 20.000 niñas menores de 18 años dan a luz en países en desarrollo. Así indica parte del informe Maternidad en la niñez, afrontar el desafío de un embarazo adolescente, publicado recientemente por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). El material, que alerta sobre las graves consecuencias de este fenómeno en las niñas madres, vale considerarlo también en el país, en donde se habla de 30 mil de estos casos al año.
Se trata de un problema que va en aumento, cada vez más visible y preocupante en la mayoría de los países del mundo, y donde el reto de la sociedad es reconocer los motivos que llevan a estas niñas y adolescentes a esta situación, desde una mirada amplia. Sería erróneo pensar que la cuestión pasa simplemente por instruir sobre el uso del condón o el uso de la pastilla anticonceptiva de emergencia. La gravidez es simplemente la punta del iceberg. ¿Cuál es el problema de fondo?
El informe entrega pistas al respecto, indicando que no ocurren por un solo motivo, sino que son la consecuencia de una combinación de factores, que incluyen la pobreza y la deserción escolar. “Las niñas que permanecen en la escuela más tiempo son menos proclives a quedar embarazadas. La educación prepara a las niñas para futuros empleos y la subsistencia, aumenta su autoestima y estatus y les permite ser más partícipes de las decisiones que afectan sus vidas...”, apunta. Y hablamos de una educación integral que les permita reconocer su dignidad, su valor de personas y la necesidad de respetar los tiempos y exigencias de cada edad.
La ministra de Educación, Marta Lafuente, en ÚH (04-11-2013), afirmó que “el inicio sexual temprano es un modelo instalado” y que la cuestión no pasa solo por las instituciones educativas. Instó a “involucrarnos todos como sociedad” para enfrentar esta problemática, planteando la necesidad de analizar estos sistemas, “basados en el consumismo"; son aspectos claves para entender el fenómeno, pues la cuestión de fondo radica en estos “modelos” bien empotrados en nuestros ambientes, y que directa o indirectamente promovemos o apoyamos.
Como lo afirmó la Dra. Monique Chireau, en una mesa de delegados de las NN.UU.: “El embarazo del adolescente es un síntoma del declive de toda una sociedad”. Es así que la solución pasa indefectiblemente por enfrentar un abanico de aspectos, como salud, desempleo, sobreestimulación de los chicos a través de los medios de comunicación, falta de contención de los niños, y, principalmente, pasa por fortalecer a las familias y educar a los padres, motivándolos a recuperar el protagonismo que deben y a asumir las responsabilidades que le competen. No es tarea sencilla, pero sí muy necesaria.