Correo Semanal

¿Dónde nació la Villa Real de Concepción?

 

Rodrigo Cardozo Samaniego

Desde la fundación de la reducción “Nuestra Señora de Belén” en 1760 por el Padre José Sánchez Labrador, los mbayaes amenazaron constantemente con depredar dicha reducción y estancias aledañas. Ante dichos peligros, Fray Miguel Méndez Yofre solicitó al Cabildo de Asunción, entre 1768 y 1773, que se estableciera una población entre los ríos Ypané y Jejuí, y así contener el avance portugués y de las tribus que los hostilizaban. Esta información sobre el movimiento de los portugueses fue un toque de alerta, que logró acelerar la fundación de la Villa.

El 4 de marzo de 1773, conforme a las “Ordenanzas de Población” de 1572, el Cabildo, previa aprobación del rey Carlos III, acordó conceder los auxilios y reconoció la utilidad de establecer una Villa en la costa arriba. El gobernador Agustín Fernando de Pinedo y el Cabildo tuvieron en esta ocasión su primera disputa: La ubicación de la futura población. La visión geopolítica del gobernador se extendía mucho más que los mezquinos intereses de los cabildantes, puesto que su intención era fundar la Villa hacia el paraje de Itá Pucú (cerro Pan de Azúcar – hoy Mato Grosso), donde estaba ubicada una de las reducciones del Fray Méndez y así proteger la mayor extensión de tierra en beneficio de la Provincia del Paraguay.

Pero esta opinión no fue compartida por el cuerpo capitular que, basándose en dificultades para prestar auxilios desde Asunción, acordó que la nueva fundación no debía de distar muchas leguas de la reducción de Belén. La decisión del Cabildo respondía a los intereses particulares de poderosos estancieros que tenían propiedades en la zona.

La expedición

El 3 de mayo de 1773, al mando del gobernador, partieron dos grupos camino la norte. Uno de ellos, compuesto de cuatro barcos, subió por el río Paraguay transportando al gobernador, sus oficiales, los peones e indios de los pueblos reclutados para el efecto; el otro, formado por cien hombres al mando del cabo mayor Antonio de Vera y Aragón, se dirigió por tierra conduciendo el ganado y la caballada, donados por los vecinos de Asunción. El punto de encuentro era la boca del río Ypané. Cuando el gobernador llegó al mismo, fiel a su idea inicial, prosiguió la navegación con la intención de llegar a las cercanías de Coimbra y Albuquerque, pero parte de la oficialidad le recordó lo dispuesto por el Cabildo. Esto lo obligó a retroceder hasta donde debía encontrarse con Vera y Aragón.

El 20 de mayo de 1773, ambos contingentes se encontraron en el lugar preestablecido y procedieron a la elección del asiento de la nueva Villa por votación. El diputado del Cabildo Antonio Caballero y Añasco, el cabo mayor Antonio de Vera y Aragón, el comandante Juan José Gamarra, el capitán Enrique Coene, el capitán Reformado Pedro Castiñanes, el ayudante mayor de Milicias y Plaza Manuel García Barazabal, y el teniente Juan José Lescano, siguieron las instrucciones del Cabildo de “no distar muchas leguas del pueblo de Belén”, pero el gobernador insistió levantar el establecimiento tan al norte como fuese posible.

Vera y Aragón, conocedor de la zona, opinó que el terreno más apropiado para la fundación eran las orillas del río Ypané o en último caso la boca del río Aquidabán, que distaba como a 10 leguas del pueblo de Belén. La mayoría apoyó esta propuesta.

El puerto de la ascensión

El gobernador, que vio desvanecer sus pretensiones por la mayoría, ordenó la búsqueda de un lugar apropiado para establecer un puerto. El designado para el efecto fue Castiñanes, quien informó “de un hermosísimo puerto, distante de éste lugar como a cuatro leguas”. Luego de las inspecciones del terreno, el diputado regidor determinó que “el lugar es adecuado para levantar la población con campos aptos para estancias, suficientes aguadas y abundantes montes de madera”.

El 25 de mayo de 1773, se iniciaron los trabajos de fundación, culminando el 31 del mismo mes, quedando “medidas” la nueva Villa, que se delineó sobre una extensión de cuatro cuadras cuadradas, marcándose la plaza y las calles de doce varas de ancho. Con ayuda del cacique Lorenzo y algunos mbayaes, se levantaron el fuerte, los primeros ranchos, el cuartel, la casa del comandante, la herrería y la iglesia; por último, se estableció la estancia de “Jesús María” para proveer de carne a los pobladores y una estanzuela con ranchos para la caballada, llamada “Retiro”. La Villa quedó establecida a ocho leguas de Belén.

El gobernador la denominó “Villa Real de Nuestra Señora de la Concepción de Costa Arriba”, en honor al rey, y aunque la superioridad le reprobó el nombre de “Villa Real”, los pobladores la conservaron por costumbre hasta los primeros días de la época independiente.

El traslado de la Villa Real

Un año después de su fundación, los pobladores se quejaron de malos tratos por parte del comandante Manuel García Barazabal, que se sumaban a las incomodidades del lugar y al asedio de los mbayaes. Entonces, pidieron la remoción del citado oficial y el traslado de la Villa a un paraje más adecuado, sin embargo, el gobernador Pinedo denegó la petición considerando el alto costo de la fundación. Las constantes denuncias de los vecinos hicieron que el Cabildo de Asunción escribiera al rey el 29 de abril de 1777, quejándose de la conducta del gobernador y solicitando trasladar la Villa.

Años después, el monarca español autorizó la mudanza y, por decreto del Cabildo, del 26 de febrero de 1788, se ordenó la ejecución de esta. Para el efecto, el 19 de marzo del mismo año, llegó a la Villa Real el cabildante José Díaz de Bedoya, entregando el citado decreto al entonces comandante Antonio Ramos de la Vega. Este, el 9 de abril, comunicó al Cabildo y al gobernador Joaquín Alós del cumplimiento de dicha medida. El traslado se realizó quince años después de la fundación.

Así tenemos que Concepción fue fundada más al norte de donde hoy se encuentra. En el acta obrante en el Archivo Nacional dice “cuatro leguas del puerto de Belén…” y eso sería entre los lugares denominados “Itacurubí Cué” y “Retiro Irigoyen”, un poco más arriba, como a 10 kilómetros, pasando la desembocadura del arroyo Saladillo.

La tradición dicta que fue la “Plaza de la Libertad” el lugar donde Pinedo fundó la Villa. El libro “Un siglo de expansión colonizadora”, de la doctora Renée Ferrer, hace mención del traslado, lo que se comprueba con documentos del Archivo Nacional. Pinedo nunca pisó la actual ciudad, al momento de la mudanza, en 1788, él ya no era gobernador. Quizás en un futuro se puedan hacer trabajos arqueológicos en el enclave original, declararlo patrimonio distrital y erigir un monumento al fundador y a sus acompañantes.


Crónica

El 25 de mayo es el aniversario de Concepción. Un colaborador concepcionero relata los pormenores sobre los orígenes de la ciudad norteña.

Dejá tu comentario