Opinión

Devorados por sí mismos

Estela Ruíz Díaz Por Estela Ruíz Díaz

Aún humea en el horizonte fronterizo la ajustada victoria del izquierdista Lula da Silva (77), quien volvió al poder tras derrotar al ultraderechista Jair Bolsonaro el pasado 30 de octubre. Ambos hicieron historia ese día: protagonizaron la segunda vuelta más ajustada de todas las elecciones; Lula ganó una tercera reelección con sabor a resurrección política y Bolsonaro es el primer presidente de Brasil que no logra su reelección.

Más allá de estos datos, las elecciones dejan una gran lección teniendo en cuenta que la disputa se polarizó entre democracia versus fascismo. Y la primera ganó por escaso margen, dejando en el ambiente una gran preocupación más allá de las fronteras del país continente.

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La polarización es un fenómeno que levanta alertas en todo el mundo donde la democracia está luchando contra vientos autoritarios.

Bolsonaro siempre se mostró orgulloso de su autoritarismo y con ese rasgo llegó a la presidencia de Brasil. Desde su sillón presidencial se encargó de quebrar la sociedad y cabalgar al galope de la exclusión y la degradación de las instituciones. Su catastrófica gestión durante la pandemia del Covid19 en la que murieron casi 700.000 personas confirmaron su absoluta insensibilidad ante un drama humano sin precedentes.

Ese comportamiento que generó adhesiones, especialmente de sectores ultraconservadores religiosos (especialmente evangélicos), y muchos fanáticos, sin embargo, alertó a la otra mitad de la sociedad que decidió hacerle frente para derrotarlo en las urnas.

Es lo mismo que sucedió con Donald Trump en el 2020. De hecho, junto a Bolsonaro son las caras de la misma moneda. Con su retórica inflamable, agitador de teorías conspirativas, profundizó la división y alentó el odio y la exclusión, parecía que lo tenía todo para ser reelecto. También perdió la reelección porque al igual que el brasileño, trató con desprecio la situación sanitaria en tiempos de pandemia, donde los muertos superaron la barrera del millón.

Cortados por la misma tijera, ambos líderes autoritarios transitaron el mismo camino, pero los anticuerpos de la democracia se activaron para pararlos a tiempo. Fueron derrotados electoralmente, pero no políticamente.

DEMOCRACIA EN ACCIÓN. El componente ideológico estaba en el tenso debate político, pero fueron otros temas los que polarizaron aún más la sociedad: las teorías conspirativas, la exclusión del diferente, la negación de derechos, las mentiras industrializadas a través de la desinformación (fake news) y esa sensación apocalíptica y agobiante en estado permanente. Esto fue un bumerán, fruto de la soberbia que no permite medir el clima social ni salir de la burbuja. Coquetear con el odio, con la exclusión como forma de hacer política lleva a extremos incontrolables. Como les sucedió.

Trump coronó su decadencia política con el asalto al Capitolio. Una acción con tufo a autogolpe, como coqueteó Bolsonaro al no admitir su derrotar y permitir los bloqueos de las rutas por parte de sus seguidores que pidieron un golpe de Estado.

La reacción social los obligó a negar a sus propios seguidores, aunque en primera instancia le dieron su venia

Se sabe, la revolución devora a sus hijos. Y ambos terminaron quemados en su propia hoguera.

ESTAR ALERTAS. Paraguay es uno de los países que más simpatiza con el autoritarismo. Según el Latinobarómetro, un 44% apoyaría un golpe militar si las cosas se ponen difíciles. Es un caldo de cultivo para proyectos autoritarios. Aunque también se dan las contradicciones maravillosas. Hasta el momento ningún presidente logró levantar la restricción de la reelección.

En el país gobierna un partido conservador (ANR) tanto en dictadura como en democracia con una especie de cogobierno vergonzante de un gran sector del PLRA. Tanta ha sido la mimetización liberal, que ha perdido totalmente su rumbo político ideológico sumándose a proyectos que van contra sus principios. Ya ni son capaces de defender sus ideas por ecuaciones electorales. Lejos quedaron aquellos líderes que se opusieron a la dictadura arriesgando la vida misma. Hoy ni siquiera se animan a asumir posturas públicas porque temen perder votos o algunas prebendas que caen de la mesa gubernamental.

El neofascismo disfrazado de exclusión, pérdida de derechos, en la anulación del otro, en la intolerancia recorre las venas nacionales con más comodidad que otros países porque aquí el autoritarismo sembrado por Stroessner sigue vivo en diversas formas. A los ya consabidos problemas de corrupción, narcotráfico, contrabando, inseguridad y debilidad institucional, se suman los antiderechos que se movilizan con la cruz en la mano y en nombre de Dios para imponer sus ideas. Los políticos oportunistas aprovechan este escenario para agitar el miedo porque de esa manera no se hablará de sus robos y sus conexiones con la mafia. Otras minorías políticas los ven como masa electoral y se amoldan a sus delirantes propuestas.

Pero estos vínculos a la larga pueden ser un disparo en el pie. Porque los antiderechos son un proyecto en sí mismo. Sus apoyos son netamente coyunturales y cuando sienten que ese líder ya no es funcional a ellos, buscarán a otros. Entonces habrá sido muy tarde.

TEXTUAL

“Nosotros, como Iglesia, lo que proponemos es el diálogo, rever este plan de Transformación Educativa, no aceptarlo así como está. Rever significa analizar desde sus orígenes, si hay algo viciado, sacarlo, si no responde a nuestra realidad. Desde un riguroso estudio de la última reforma educativa, con participación de representantes y profesionales de la comunidad educativa. Se deben buscar soluciones concretas, superar la polarización y fomentar el consenso para responder desde nuestra cultura paraguaya a los grandes desafíos del tiempo actual”.

(Conferencia Episcopal Paraguaya)

LO QUE HAY QUE SABER

ESCÁNDALO. Luego del blúper Villalba, el Gobierno cometió más errores. Una ex funcionaria reveló que dio datos probables sobre el paradero de Óscar Denis, pero no le hicieron caso.

ESCÁNDALO II. Con tal de desviar el revuelo, desde el Ministerio de Justicia revelaron quién podría haber sido la fuente, poniendo en peligro la vida de una reclusa vinculada al EPP.

DE MAL EN PEOR. Los fiscales pidieron juicio oral para el ex gobernador de Central, Hugo Javier, acusado de dilapidar los fondos destinados para la pandemia en obras fantasmas.

ILEGAL. El Congreso, en una actitud populista e irresponsable, prorrogó por un año más el mandato de los intendentes, ya que los actuales fueron electos por un periodo de 4 años.

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