Economía

Delitos y crímenes

 

El análisis realizado en la columna anterior versaba sobre evasión tributaria y contrabando, junto con otros delitos económicos tradicionales y otros más sofisticados, como lavado de dinero, precios de transferencia, giros ilegales y crimen organizado, fortalecidos con sus vertientes más poderosas de narcoterrorismo y transnacionales del contemporáneo imperialismo desestabilizador. Este es síndrome de autocracias expansivas de extremas derecha e izquierda, junto con populismos nacionales e internacionales de similares ideologías más el fundamentalismo musulmán tipo califato y los conflictos armados entre ellos.

Degeneran en guerras económicas y convencionales, regionales, hemisféricas e intercontinentales, utilizando armas y artillería disuasorias o de agresión mortífera, tanto terrestres, fluviales, marítimas como aéreas.

DESAFÍO. Expresión sintomática de todo eso es el enfrentamiento feroz entre los países de mayor poderío económico y militar, con tecnología de avanzada en guerras nucleares y espaciales. Ejemplo es la beligerancia entre China roja, EEUU y Rusia, citados aquí en mero orden alfabético. Manifestaciones regionales de dicho estado conflictivo de orden internacional son los férreos regímenes en Cercano Oriente, también en Bielorrusia y Corea del Norte, por citar solo algunos casos extremos. Dentro de ese contexto, dictaduras comunistas y autocracias nacionales, junto con gobiernos populistas de América Latina y el Caribe, como Cuba, Honduras, Nicaragua, Venezuela y, ya transitando por esa misma senda, Argentina, entre otros, se han vuelto funcionales a ese enfrentamiento global y en algunos casos, peor aún, marionetas de ellos.

ABORDAJE. Hipótesis de trabajo, para seguir desmenuzando el ya iniciado análisis trasversal y global, es que la evasión tributaria y el contrabando son la antesala del lavado de dinero y del narcoterrorismo, que a su vez son el caldo de cultivo propicio para los giros ilegales y el crimen organizado a escala mundial, hemisférica, regional o subregional. Su expresión ominosa es la financiación, desde algunos países, de las carpas de adiestramiento del terrorismo global y la ejecución de sus atentados y otros planes cruentos a través de poderosas células destructivas. Los peores ejemplos de lo descrito son las guerras interterroristas en Siria y alrededores, que han provocado tan solo en esa región centenares de miles de muertos y millones de habitantes marginados por la fuerza de ataques asesinos. Los refugiados terminaron en países vecinos, huyendo de violencia, hambruna y despojo total. Ya son millones los damnificados que buscan asilo en Turquía y Grecia o continúan su marcha hacia el centro de Europa.

EL MISMO MOSAICO. El sur de Sudamérica es tan solo una pieza más en ese mosaico de pogromo, guerras fratricidas y asesinatos a mansalva. Bandas criminales en Argentina, Brasil y Paraguay se han vuelto cómplices cruentos y han desarrollado iniciativa propia en la expansión de giros ilegales y del crimen organizado. Centros de esta ilegalidad y criminalidad son el este de la Región Oriental del Paraguay, el noreste de Argentina y el suroeste de Brasil. Halla máxima expresión en la zona de las Tres Fronteras, formada por argentinos, brasileños, paraguayos y otras nacionalidades en torno a la confluencia del río Yguazú en el río Paraná. Una gran parte de los giros ilegales y de la financiación del terrorismo internacional, de difícil cuantificación, se realiza desde esa zona.

PARAGUAY. Dadas la venalidad de sus funcionarios públicos y de sus interlocutores privados, la debilidad de sus instituciones y la escasez de presupuesto con apenas escuálidos rubros destinados a luchar contra tales delitos y crímenes, la atención se dirige precisamente a Paraguay. Es en nuestro país donde debemos centrar el foco del análisis acerca de cómo combatirlos. No obstante, Paraguay no lo podrá hacer a solas. Necesitará el apoyo de los Gobiernos de Argentina y Brasil, así como de otros países amigos con tecnología, dispositivos y armamentos adecuados para enfrentarlos. Localmente hablando, la responsabilidad ante tales estrategia y táctica para reducirlos sustancialmente reside no solo en el Poder Ejecutivo, sino también en los demás poderes del Estado y entidades descentralizadas, así como en las autoridades del sector privado y de las organizaciones de la sociedad civil.



Bandas criminales en Argentina, Brasil y Paraguay se han vuelto cómplices cruentos y han desarrollado iniciativa propia en la expansión de giros ilegales y del crimen organizado.

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