Opinión

Debajo de la pollera

Brigitte Colmán – @lakolman

La semana pasada, estudiantes del colegio Cristo Rey, prestigioso centro educativo privado y religioso, nos dieron a los paraguayos un verdadero baño de realidad.

Un grupo de alumnas hizo una denuncia en plena formación de todo el colegio. Las chicas pidieron una sanción para sus compañeros porque estos les habían tomado fotos por debajo de las polleras, después difundieron esas fotos con todo tipo de comentarios.

Entonces ellas empapelaron con carteles la institución como modo de protesta, y lo demás es historia, la noticia fue viral en las redes sociales, como tanto nos gusta decir a los periodistas.

Las estudiantes denunciaron, de paso, que este tipo de abusos vienen sucediendo desde hace varios años, y anunciaron que eso las motiva aún más para no ceder en sus reclamos. Aseguran que no van a parar hasta que las autoridades sancionen a los implicados.

“No importa si tenés o no short debajo de la pollera. Tu derecho e integridad es lo que importa, y ninguno de ellos respetó eso. ¿Dónde están los valores que nos enseñan en este colegio? Ya no funcionaron las charlas, reuniones, estamos cansadas y no queremos que estas personas sigan en este colegio”, es lo que dijo una de las estudiantes durante el reclamo.

Lo que aconteció en el colegio Cristo Rey es tan solo una de las tantas manifestaciones cotidianas del ejercicio del poder masculino, porque desde el principio de los tiempos se ha tratado lisa y llanamente del poder.

Quien tiene un pene tiene el poder, y quien tiene el poder es libre, también libre de hacer lo que se le ocurra y antoje.

En cambio, vos si sos mujer, no. Vos no tenés poder, y por eso tu vida vale tan poquito.

Te sacan fotos debajo de la pollera y tenés que perdonarles porque pobrecitos angá dónde van a terminar el colegio si les echan. Te dicen en la calle que te quieren chupar y tenés que agradecerles, y si les denunciás sos una histérica. Tenés talento y formación, pero igual ganás menos que tu colega que es un troglodita cuyo único mérito es tener un pito. Te casaste y al día siguiente tu príncipe se convirtió en un ogro malvado y le tenés que aguantar, porque eso es lo que te dice tu mamá, porque eso es lo que le dijo a ella su mamá que hay que hacer, hasta que un día el príncipe te mata.

Un día sos chiquitita y en el Facebook tu papá te llama su “princesa”, y al rato ya entraste al sistema escolar, y ahí aparecen los lobos abusones, esos de los que ni tu mamá ni tu papá te hablaron nunca; y como eras la princesita toda purpurina y rosadito nadie te avisó que más valía aprender que tenés derechos y tenés que saber cómo defenderte.

Pero resulta que este esquema también se puede resquebrajar, cuando una parte importante e ignorada de una sociedad acostumbrada a agachar la cabeza ante el acoso, los insultos y las injusticias comienza a cuestionar ese ejercicio del poder. Entonces vienen las reacciones como las de las alumnas del Cristo Rey que ya no aguantan obedientes el abuso de sus compañeritos y los denuncian.

Los tiempos cambian, muy lentamente, y hay que dejar de evadir el tema, hay que dejar de lado el aichinjáranga los mitã’i, ”de onda nomás” les quitaron fotos a lo que tienen debajo de la pollera sus compañeras. No señor, no fue una “chiquilinada de unos pendejos”, como leímos repetidamente en las redes sociales, el sanctasantórum de estos tiempos.

La impunidad para los abusones es la receta que nos lleva a perpetuar precisamente ese ejercicio de poder masculino prepotente. Y no señora, no son las hormonas, es el machito comenzando a emerger, aprendiendo a ejercer el poder que les viene dado por tener un pene.

Tienen que aprender que #NoEsNo y como dice el grafiti en una pared asuncena: Mucho cerrá las piernas y poco guardá el pito.

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