Opinión

De Mario y las independencias necesarias

Miguel Benítez – TW: @maikbenz

El 15 de noviembre de 2015, el 51% de los votantes asuncenos decidieron elegir la alternancia, hastiados de las pésimas administraciones coloradas y aliancistas de periodos anteriores. No era difícil suponer que Mario Ferreiro era el favorito en los comicios, algo que casi 115.000 ciudadanos terminaron confirmando. Lastimosamente, esa esperanza de cambio terminó siendo defraudada. A casi cuatro años de su aplastante victoria, Asunción es un caos.

Los últimos raudales, que ocasionaron cuantiosos perjuicios, son solamente una pequeña muestra del desorden que se vive en la Madre de Ciudades desde hace tiempo. Es verdad, si bien la desidia en infraestructura no es algo nuevo y tampoco se originó con Ferreiro, la crítica radica en que poco o nada se ha hecho para modificar ese perverso statu quo que tiene sometida a la población capitalina desde hace años.

Las regencias pasadas se caracterizaron por un ida y vuelta de litigios con sus respectivas juntas municipales, por la estructura política de devolución de favores y por los eternos conflictos con otras instituciones públicas como Essap a la hora de cubrir los baches o encargarse del desagüe pluvial, obra que desde 1993 corresponde a los municipios. A la fecha, la cobertura en Asunción ni sobrepasa el 25%.

Es por ello que cuando Ferreiro prometió cambios, la expectativa era alta, pues se trataba de una persona que no provenía del ámbito político y su gestión podía ser distinta. Muy por el contrario, su administración está cometiendo los mismos vicios que las de sus predecesores y algunos hasta ya extrañan el tractor amarillo de Arnaldo Samaniego, lo que resulta vergonzoso.

No hubo firmeza para combatir la proliferación de cuidacoches y limpiavidrios, las calles presentan estados calamitosos y el abandono del centro en horas nocturnas parece sacado de una película posapocalíptica. Ojo, la Junta Municipal tampoco se escapa de la negligencia. Son 24 concejales y casi nadie los recuerda por un proyecto transformador.

A esto se debe agregar que la Municipalidad cuenta con un presupuesto anual de aproximadamente USD 100 millones, pero posee casi 10.000 funcionarios (no todos son ineficientes), lo que implica un gran gasto en salarios, por lo que no extraña que Asunción recopile tantos problemas. Solo 45 minutos de tormenta bastaron para evidenciar que literalmente nos ahogamos, que la ciudad carece de una planificación seria desde hace décadas.

La ciudadanía también tiene su cuota de responsabilidad. Con cero conciencia civil, muchos pobladores aún arrojan sus basuras a la vía pública, lo que hace que las bocas de desagüe y sumideros se taponen. Es allí donde la Comuna debe entrar a accionar con firmeza para sancionar a los insensatos.

Ninguna de las autoridades municipales tampoco se ha animado a plantear sólidamente que los residentes de otras localidades que ingresen a Asunción abonen un tributo, ya sea para trabajar o desarrollar actividades de ocio. Este punto puede resultar polémico, pero de una buena vez se tiene que poner la discusión sobre el tapete si verdaderamente se desea hacer de la capital un lugar más sostenible, como sucede en otras metrópolis del mundo.

INDEPENDENCIAS. Mañana los paraguayos celebramos un año más de vida independiente, pero aún nos falta independizarnos de muchos yugos internos. La principal cadena es la corrupción imperante, impulsada por esa retorcida política, que se preocupa más de los votos del mañana que del bienestar actual de la gente. Muchos políticos no se atreven a modificar estructuras, pues tienen miedo de perder las retribuciones que obtienen con prebendas. La independencia de la inconsciencia y de las excusas también deben ser logradas en nuestra sociedad. Ese triste hábito de justificar una mala gestión, solo por afición u odio hacia el otro color no ayuda en nada. Definitivamente, los paraguayos aún tenemos cadenas invisibles que romper.

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