06 may. 2026

De legionarios y soberanos

Por Sergio Cáceres Mercado - caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

La cercanía de dos fechas patrias, el 14 y 15 de mayo, me recuerda que estamos entrando en un lustro en que los discursos encendidos y la retórica nacionalista estarán al orden del día. Es que ya vivimos la plena rememoración de los 150 años de la Guerra contra la Triple Alianza.

No hace mucho experimentamos algo parecido con el Bicentenario de la Independencia Nacional, lo que significó al menos dos años previos de preparación para la gran fiesta, incluida toda la parafernalia patriotera que ahora prepara su resucitar. Sin embargo, en el Bicentenario no hubo mayores sobresaltos, pues los malos eran los españoles y ellos están lejos. Se dieron algunas escaramuzas, eso sí, entre descendientes de algunos próceres contra la memoria del Dr. Rodríguez de Francia, pero en general podemos afirmar que las recordaciones fueron pacíficas.

Sin embargo, todo lo que tenga que ver con la Guerra Guazú es de otro talante. Ni la Guerra del Chaco provoca en nosotros tanta violencia verbal y metafísica como aquella guerra que empezó hace 150 años y que nos marcó a fuego y sangre. El moldeado de nuestra memoria histórica hacia aquella matanza empezará a traer a flote nuestra natural animadversión hacia nuestros vecinos.

Pero lo que es peor, dicha conflagración nos divide hasta ahora a los propios paraguayos. Hasta hoy somos capaces de tildar de “legionario” a alguien sospechado de no pensar como nosotros. Pensamos en un blanco y negro nuestra historia, algo que provocaba la risa y, al mismo tiempo, la lamentación de Helio Vera.

El filósofo Adriano Irala Burgos había postulado que la historia paraguaya tiene como pilares a tres esquemas negativos: el eterno retorno, el maniqueísmo y la postulación del héroe máximo. Curiosamente, esta triada surge de la manera como sentimos y recordamos la Guerra Grande, pues antes de ella vivimos una época dorada que ahora gracias a nuestros líderes mesiánicos estamos volviendo a alcanzar (eterno retorno). Asimismo, aquellos que piensan como el enemigo son los malos, es decir, legionarios y antilopistas; en cambio, los que somos patriotas somos igualmente lopistas y buenas personas (maniqueísmo). Finalmente, nuestra historia es imposible pensarla sin el líder mesiánico que se inmola por nosotros, derramando su sangre inocente para conseguir la inmortalidad del bronce (héroe máximo).

Se vienen cinco años en que hablaremos hipócritamente de nuestra soberanía, tal como ocurrió en el 2012, cuando los más conocidos vendepatrias se pusieron la máscara de defensores de nuestra patria y salieron a gritar al viento su amor al Paraguay. Solo espero, que dentro de los tantos actos que se irán dando, haya algunos donde el debate maduro y racional tenga cabida. Dios y la Patria nos lo demandan, ¿o no?