Por Benjamín Fernández Bogado - benjaminfernandezb@hotmail.com
Bajo este sugestivo título, Jacques Barzun trazó un recorrido magistral sobre la historia cultural de Occidente de los últimos 500 años.
Mirando el Taj Mahal, el portentoso mausoleo erigido en Agra (India) por uno de los emperadores mogoles a una de sus esposas, es difícil sustraerse de la contradicción que genera en uno los ascensos y caídas de los pueblos a lo largo de la historia.
Del otro lado, un crematorio realiza su tarea, adonde diariamente varios hombres de distintas familias llevan a sus miembros para el ritual final de una parte de las vidas que cada persona encarna.
Los restos de la presencia majestuosa de los persas (hoy Irán) y el deslumbramiento que aún tienen en la India de la cultura afgana nos obligan a pensar: ¿en qué momento estos dos pueblos perdieron el rumbo de la historia para ser la referencia retrógrada de las formas teocráticas más radicales y peligrosas?
Quizás cuando los gobernantes no se dieron cuenta de la notable contradicción entre estos monumentos extraordinarios y la misma característica de la pobreza en sus calles y ciudades.
Tal vez sea lo mismo que gobernantes aquí en la Argentina no pudieron comprender y hoy sea imposible caminar por Lavalle en Buenos Aires, sin tener que ser advertido de algún robo o incluso algo peor.
Este mismo país que en 1910 era uno de los 10 más ricos del mundo, hoy se sumerge en una pobreza calificada por muchos como escandalosa.
Algunos buscan ubicar la decadencia en 1930 con el inicio de los gobiernos militares y el abandono de la educación como factor social y económico que abrió paso a las peores formas de barbarie humanas, como las que se dieron en la década de los setenta del siglo pasado.
Las mismas imágenes que vi en la misma semana en dos sitios separados por casi 20 mil kilómetros.
Gente comiendo de las basuras, mendigos en las calles, furor e ira en la Argentina y aceptación fatalista en la India.
20 millones de pobres en nuestro vecino del sur y 800 millones en la India que a diferencia de la Argentina crece en los últimos años al 9% anual, lo que no garantiza para nada que las tremendas inequidades sociales aflojen el indigno como injusto sistema de castas que aún tiene el país asiático.
La democracia más grande del mundo con la sociedad menos democrática del planeta.
Argentina, el país más rico en recursos naturales, pero castigado por gobiernos miserables que han sumido al pueblo en esa misma condición desde hace varios años.
No hay tantos millones de seres humanos caminando por las calles en esta capital sudamericana, pero se nota un fatalismo crónico mezclado con una resignación evasiva del argentino a un destino que tenía todo para ser auspicioso y terminó siendo dramático e incierto.
Los indios todavía creen que pueden emerger de la mano de la tecnología y de la industria, pero el esfuerzo debe ser tan grande y sostenido que pocos creen que la prosperidad chorree sobre millones de seres humanos, buscando afanosamente un gurú que les interprete la vida que les toca representar y sobrevivir.
Los argentinos solo recuerdan resignadamente y de manera distante los tiempos en que se podía ser próspero y con futuro.
En la India solo anhelan que los juegos de la comunidad británica de naciones, el próximo año, permitan terminar el metro y que las lluvias lleguen pronto, aquí solo anhelan que Boca les traiga una alegría y que la selección de fútbol haga olvidar el papelón de las eliminatorias.
Aquí y allá solo queda evadirse mientras en ambos sitios los mendigos siguen escarbando por algo de comer en los basurales de la abundancia efímera.