Por Guido Rodríguez Alcalá |
La primera vez que oí la palabra quedé desconcertado. Después me acostumbré a llamar tupper al recipiente de plástico en que se pone la comida; a menudo se la pone ahí para calentarla en el microondas. Y bueno, creo que deberé desacostumbrarme. Según información atendible, calentar la comida del tupper en el microondas puede producir cáncer, porque el calor libera ciertas sustancias nocivas del plástico.
Es información de un artículo de Nicholas Kristof, un prestigioso periodista del New York Times. El artículo informa sobre un simposio realizado en una facultad de medicina de Nueva York sobre enfermedades ambientales. Se llama así a las enfermedades no contagiosas contraídas por exposición a agentes que escapan a la voluntad del individuo, como los insecticidas o el PCB. Dicho sea de paso, hace algunas semanas se publicó la noticia en nuestros diarios: en el Paraguay hubo un gran derrame de PCB años atrás. Este producto tóxico, un tiempo muy utilizado en el aislamiento eléctrico y la refrigeración de ciertos transformadores eléctricos, ahora está prohibido en la mayor parte del mundo. Lo que no se sabe es hasta dónde el mundo está contaminado con PCB e insecticidas, a los que se atribuye el aumento de ciertas enfermedades ambientales.
En su artículo, Kristof da estadísticas alarmantes. En 1975, una mujer norteamericana de 50 años tenía 1% de posibilidades de contraer cáncer de mama; hoy tiene 12%. El asma se ha triplicado.
Es posible que en el aumento de esas y otras enfermedades influyan varios factores, como el estrés, los malos hábitos alimenticios y la falta de actividad física. De todos modos, ahora la atención se dirige hacia el posible efecto negativo del plástico. O de ciertos tipos de plástico; se cree que algunos pueden producir enfermedades. Aunque no se trate de una teoría comprobada, conviene tomar precauciones (dice Kristof), como la de no meter el tapper en el microondas.
Supongo que aquí están en juego dos cosas: (1) las propiedades del plástico y (2) la manera de fabricarlo. Hoy no se puede prescindir de ese producto, como tampoco se puede prescindir de la leche. Pero una cosa es la leche normal y otra la leche con melamina, con que los fabricantes chinos mataron unas cuantas criaturas. Por otro lado, la preocupación no es algo exclusivamente norteamericano: también la Unión Europea ha decidido estudiar y reglamentar la producción y empleo del plástico, algo muy necesario. Desde la última Guerra Mundial hasta hoy se inventaron unos 80.000 productos químicos. Sin embargo, sólo el 20% de esos productos ha sido debidamente estudiado. Es probable que algunos de ellos, incorporados al plástico, puedan tener efectos tóxicos. Entre los que están en la mira se cuenta el BPA, usado en la fabricación de mamaderas para chicos. Existe la presunción de que su uso pueda favorecer el cáncer en la edad adulta.
¿Alarmismo? Es preferible prevenir que curar. Hacia 1960, una funcionaria pública norteamericana se hizo odiar por su oposición a un fármaco muy usado. Esa oposición, finalmente, sacó de circulación la talidomida, que hacía nacer niños con graves deformaciones físicas.