Soy Ivana Bogado. Empecé a escribir a los 13 años. Siempre me gustó la escritura. Mi papá también es escritor y empecé leyendo sus poemas, fue cuando comencé a escribir. Empecé con frases cortas y, con el tiempo, pude escribir poesías. Continué escribiendo hasta que, a los 20 años, me inscribí en un concurso de declamación de poesía en un festival del pescado en San Cosme y Damián. Quería saber si tenía talento. Gané el segundo lugar, y desde ahí empecé: mi primer sueño fue publicar un libro.
Comencé a participar en talleres con la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas, ya que estoy estudiando Periodismo en la Universidad Católica de Itapúa. Los de la Federación me invitaron a las jornadas para comunicadores indígenas. Una amiga que integra la federación, descubrió que yo tenía mis poemas y con su ayuda pude publicar en la página de la Federación.
Así fue como me fueron conociendo, y ocurrió que un día esta misma amiga me llamó y me dijo: “Te queremos publicar tu libro”. Y así empezó todo. Anteriormente, pensaba que mi papá me había motivado, pero luego cambié ese pensamiento, ya que nosotros, los del pueblo Mbya Guaraní, tenemos una creencia: Que Ñande Ru nos envía al mundo para un trabajo específico, y yo creo que solo Ñande Ru me dio esa sabiduría. Creo que esta fue mi motivación.
Para mí fue difícil llegar a la escritura. Las mujeres de mi comunidad no se atreven a hablar, no se animan a estudiar o a decir lo que piensan. Antes, yo pensaba que solo iba a tener un hijo, que me iba a casar y que así se iba a terminar mi vida, que no había más. Pero luego empecé a estudiar, me interesé más en la escritura, que es para mí una forma de expresar y decir lo que siento. También fue difícil para mí hablar en público. A veces me daba vergüenza, no quería hablar, no quería tener amistades que no fueran indígenas. Me costó mucho cuando comencé la universidad, pero con el tiempo fui cambiando, dejando mis miedos atrás.
El momento más satisfactorio de mi vida fue cuando publiqué mi libro. Me motivó mucho, y ojalá sea una motivación para otras mujeres que no se animan o tienen miedo. Todavía hay personas en mi comunidad que dicen que las mujeres deben quedarse en la casa y cuidar a los hijos. Pero mi papá siempre me animó, me acompañó a la universidad, estudiamos juntos para que no me sienta tan sola.
SU FAMILIA
Mi mamá, por otro lado, fue un gran apoyo emocional. Ella es una lideresa espiritual, tiene otra forma de pensar, pero siempre me apoyó. Hasta ahora, cuando voy a hacer alguna presentación o algo por el estilo, siempre me aconseja, me da fuerzas, palabras para que yo pueda tener esa fuerza para hablar ante el público.
El apoyo de mi familia no se acaba. Están orgullosos de mí siempre, de mis logros. Si ellos me apoyan, ya estoy feliz con eso. Si tuviera que retroceder en el tiempo, me gustaría cambiar muchas cosas. Yo tuve mucho miedo en el pasado, cuando era niña. No quería salir de mi comunidad. Si hubiera sido diferente, creo que ya hubiera terminado mi carrera de Comunicación. Perdí años en el colegio porque me discriminaban mucho, y por eso dejé algunos años.
Había niños que me discriminaban, había chicas que tiraban de mi sostén y se reían, me hacían sentir muy mal. No me fui más y siempre me callé por miedo. Me hubiera gustado hablar, responder, pero en ese tiempo yo era muy chica y solo me callaba.
Recuerdo que cuando era niña, tampoco quería viajar ni siquiera en colectivo, especialmente hacia la ciudad. Me acostumbré tanto a mi casa, a no salir, y creo que fue por eso. Era mi forma de ser, porque nunca me dijeron nada malo de la ciudad.
Entre mis planes a futuro, me gustaría terminar mi carrera y seguir escribiendo. Tengo siempre mi cuaderno, y siempre escribo. No dejo de escribir. Quiero publicar un segundo libro, porque los lectores del primero dicen que les gustó, y eso me motiva mucho a continuar por el mismo camino.
El contenido de mi primer libro se basa especialmente en reflexiones y poemas sobre la naturaleza, el bosque, la importancia de cuidar a la Madre Tierra, y trata también sobre las mujeres indígenas. Porque muchas veces no se valora lo que hace una mujer, y una mujer hace muchas cosas en mi comunidad. Las mujeres cuidan las semillas, ellas ponen las reglas de que no se toque el bosque, que se lo cuide, para que la naturaleza se encuentre siempre intacta.
Mis poemas también hablan sobre la espiritualidad, que yo considero una de las cosas más esenciales que tenemos nosotros, los del pueblo. Escribo sobre muchas cosas, y creo que el segundo libro también sería algo así. También escribo sobre la discriminación, sobre el día a día de lo que pasamos en mi comunidad, las preocupaciones que tenemos sobre el calentamiento global, que cada vez empeora más.
La impresión que yo veo de mi trabajo es positiva. Muchos ya me felicitaron en la universidad, están muy felices conmigo. Veo de forma positiva la recepción de las personas que no son indígenas, especialmente mis profesoras, la decana, la directora general. Quiero, como ya dije, que mi libro sea una motivación.
De hecho, acá en mi comunidad ya hay muchas que están estudiando en la universidad, y eso es algo muy importante. Ya están dejando ese pensamiento de que no pueden estudiar por ser mujeres, por ejemplo.
Que exista apoyo es también importante. Por ejemplo, en la universidad nos apoyan muchísimo en la promoción.
También les diría a las personas que dejen sus miedos, sus inseguridades. Al principio, yo tuve mucha inseguridad, porque a mí me cuesta, por ejemplo, hasta ahora, hablar el español. Porque yo siempre hablo en guaraní, solo cuando voy a la ciudad hablo en castellano. No puedo hablar fluidamente. Y esa es una de las cosas de las que tenemos miedo.
Quiero que se animen y que se entreguen. Eso me ayudó mucho, la espiritualidad. Me entregué. Me fui más al templo de mi comunidad, le pedí a Ñande Rú que me dé fuerza siempre para seguir adelante. Todo eso me ayudó mucho en la vida. Antes no le daba mucha importancia, pero resulta que sí es muy importante. A mí me ayudó bastante.