Correo Semanal

Cuando la muerte viaja entre la cotidianeidad y el mito

 

Manon Naro (*)

Aunque la voz poética parece despedirse desde la tapa y ya cerrado el libro –Desalma de los adioses, de Susy Delgado–, resulta difícil decirle adiós a este poemario. Las emociones y los temas abordados siguen caminando por la mente, quizás porque trata de problemáticas por las cuales todavía nos faltaban las palabras.

La estructura del poemario lleva al lector por la corriente del tiempo, la sucesión de pérdidas y la experimentación de la soledad. Desde el título y el epígrafe, umbral del libro, el lector intuye que tendrá que sumirse en el sentimiento de despojo y tristeza que implica la despedida. Página tras página, avanzamos de la mano de la voz poética e inexorablemente hacia la muerte. Los títulos de los poemas, refiriéndose al paso de las estaciones por ejemplo, acentúan esta impresión de fuga. Se dibuja una gradación en la intensidad del poemario en la que la muerte y la desolación van perfilándose cada vez más nítidamente. En este viaje, el lector tiene que aceptar también la incertidumbre y el ocaso. Las preguntas y las hipótesis invaden el texto, lo despojan de toda certeza y abren camino a nuevas reflexiones. La muerte, en vez de ser una derrota, se convierte en una especie de etapa iniciática. La voz poética explora todas sus facetas y matices, la personifica como si quisiera confrontarla.

Cabe realzar el tratamiento reservado a los mitos. Desde el epígrafe hasta el último poema, la voz poética se reapropia de los mitos guaraníes y universales, como para entender la realidad contemporánea. Como lo recordaba el filósofo francés Georges Gusdorf, originalmente los mitos permitieron estructurar el universo y la realidad humana para que el hombre pueda evolucionar en un mundo que le es en parte incomprensible. Me pareció que la dimensión mítica de los poemas, así como la reinterpretación de ciertas figuras míticas permitían encarar nuevos desafíos tales como la pandemia o el cambio climático. En este sentido, sorprende por su belleza un poema como La cabellera blanca de la tierra. El esplendor de los glaciares se ve sublimado por la metáfora divina que los compara con una diosa de largos y preciosos cabellos, cubriendo la tierra desde la eternidad. Sin embargo, es de notar que son figuras míticas en declive. Las curvas de esta diosa van desapareciendo a la par que se derriten los glaciares. Lo mismo sucede en El señor de la insaciable barca en que Caronte, el barquero de Hades, se va muriendo como las almas a las que transporta hasta el inframundo.

De la misma manera resulta sumamente interesante el tratamiento del espacio cotidiano, temática por lo general poco estudiada. Aquí, el hogar, el jardín y el ropero se usan como verdaderos objetos poéticos. Lo podemos observar en poemas como Carta a una compañera que partió o Camisas. Nos recuerdan que aun en épocas de confinamiento, las paredes de la casa no se erigen en cárcel para la creación. De hecho, el poema inaugural El culpable parece funcionar a la vez como confesión y pacto de lectura que anuncia una paradoja: Frente a la desolación y la angustia, se puede experimentar también la “plenitud” en el acto creativo. Nos da también una sensación de no resignación frente al caos circundante. Sin embargo, la escritura no escapa de la incertidumbre reinante en todo el poemario, como lo notamos en Barquito de papel.

Impresiona la densidad de temas convocados en el poemario y en particular la reflexión sobre la lengua y la creación. Me gustó ver como el guaraní (aunque menos presente que en otros poemarios) irrumpía en un poema escrito mayoritariamente en español. Llama la atención que esta lengua, que se asocia a menudo con el afán de armonía y belleza en la poesía, aquí adoptara otros tonos como el de la violencia en Pareciera el mismo. Otra prueba, para mí, del rechazo de toda certeza y todo maniqueísmo. La convivencia de las dos lenguas dentro del poema décupla las posibilidades interpretativas y musicales de los poemas, invitando a los lectores a entrar en este juego poético y lingüístico. La reflexión sobre la lengua es también enriquecedora porque permite abordar la pandemia y las crisis a través del prisma de la incomunicación.

La música y la naturaleza siguen teniendo una importancia especial en este poemario. Parecen funcionar como soporte de la sensibilidad humana.

En el predominio de la música, podemos percibir un rasgo identitario de la poesía en guaraní y bilingüe que se sirven del canto y la oralidad como modalidades expresiva y poética.

Lo percibimos Puñal o canción que desde el título asocia el ritmo musical con la intensidad del arma. Otros poemas como Otoño o La cabellera blanca de la tierra expresan la sensualidad y el erotismo a partir de la personificación de los elementos naturales. En definitiva, son muchos los caminos recorridos en el poemario y no dudo que sabrán llegar hasta un lectorado paraguayo e internacional.

(*) Manon Naro

profesora de español en la Universidad Bourdeaux-Montaigne, Francia. Doctoranda de tercer año, con tesis sobre la poesía bilingüe guaraní-castellano de Paraguay, con la tutoría de la profesora Carla Fernandes, en la misma universidad.



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