Primero una cirugía de la nariz; que terminó con una perforación del tabique, luego un lifting, seguido de relleno de labios, y posteriormente otros retoques corporales para arreglar las deformaciones a causa de las operaciones, fue la dura experiencia de la abogada Gilda de Fátima Burgstaller.
“Yo no soy una fanática del quirófano”, se define la mujer, quien a causa del complejo de la forma de su nariz fue empujada a buscar ayuda de los cirujanos plásticos. Pero, antes recurrió al siquiatra como una forma de buscar una opinión profesional. Actualmente, dejó de lado las cirugías y lleva una vida sana lejos del bisturí.
Querer cambiar algo del cuerpo con cirugía no es sinónimo de padecer un trastorno pero sí nunca estar satisfechos y querer someterse a reiteradas intervenciones, es un signo de alarma que debe ser evaluado, advierte el doctor Julio Torales, siquiatra del Hospital de Clínicas.
¡CUIDADO! Cuando la belleza se transforma en obsesión, se habla del desorden dismórfico corporal; una perturbación mental clasificada dentro del espectro de enfermedades obsesivo-compulsivas, que consiste en una preocupación persistente y fuera de lo normal por algún defecto que la persona percibe en sus características físicas, ya sea un defecto mínimo o totalmente imaginado, explica el especialista.
El trastorno está acompañado de síntomas depresivos, ansiosos y obsesivo-compulsivos, y debe ser tratado a tiempo, pues puede generar mutilaciones físicas permanentes o incluso la muerte (hasta 80% de los pacientes tienen en algún momento ideas suicidas), advierte el especialista.
Tal es el caso de la paciente que llegó al consultorio del Hospital de Clínicas. A sus 25 años, la mujer con las siglas L.P. llegó cubierta con un tapabocas, bajo él tenía una nariz en apariencia operada, pequeña y armónica, pero cubierta de costras y coágulos. La paciente se operó la nariz en tres oportunidades fuera del país y como nunca estaba conforme consultó con un cirujano plástico en Paraguay.
Pero los especialistas, se negaron a una cuarta cirugía lo que molestó a L.P. y en un arranque de ansiedad intentó “levantar” la punta de su nariz con unas pinzas, que terminó generándole cortes profundos y un orificio en el cartílago nasal. El siquiatra no necesitó preguntar mucho para darse cuenta que ella tenía un trastorno dismórfico corporal.
Las principales zonas que preocupan a las personas con el desorden son el rostro (la nariz), la piel, genitales, dientes, busto, nalgas, cicatrices, asimetría facial, labios, muslos y las piernas. En los varones predomina la preocupación por los genitales, mientras que ellas suelen preocuparse más por su nariz y rostro, pelo y busto.
“El concepto de belleza, muchas veces, es impuesto por los cánones de la sociedad. El hecho de asociar triunfo económico o personal con ser bello hace que las personas se vean embargadas por sentimientos negativos acerca de cómo se ven y quieran corregir defectos físicos a como dé lugar. Esta presión de la sociedad no es la única causa”, reflexionó el doctor Torales.