26 may. 2026

Cuando el arte rinde tributo a la vida que crece bella y frágil

Le mueve la pasión por lo que hace, y fue justamente esta la que le condujo al mundo de las artes hace unos 15 años. A través de sus obras busca transmitir esperanza, así como emociones que conduzcan a acciones positivas, según cuenta. Se trata de Diego Alberto Céspedes Centurión (33), escultor nacido en Asunción, pero residente en Luque, cuya última obra El milagro de la vida fue presentada días atrás frente a la Conmebol.

Estilo.  Diego Céspedes busca transmitir emociones y sentimientos positivos en sus trabajos. El escultor expone sus obras en la galería Arte Actual, de Asunción.

Estilo. Diego Céspedes busca transmitir emociones y sentimientos positivos en sus trabajos. El escultor expone sus obras en la galería Arte Actual, de Asunción.

Sus trabajos, entre los que figuran además, Liberación (hombre que rompe las cadenas), La obra de Dali (un tributo al artista), y Mangoré, por citar algunos, se caracterizan por presentar rostros humanos, manos y figuras diversas, utilizando hierro, acero inoxidable y madera.

Sin embargo, más allá de los materiales, Céspedes señala que lo esencial es la pasión por lo que uno hace, y que haya sintonía con el mensaje que busca transmitir. “La pasión por lo que uno hace es más que necesaria en cualquier ámbito, y hacer lo que a uno le apasiona es la forma de que alguien pueda sentirse pleno y feliz, y conocer su talento”.

Y por esa pasión, dejó la carrera de Tecnología de Producción, además de un empleo para zambullirse en el mundo de las artes. “Soy autodidacta. Empecé como un juego con algunas cosas que tenía a mano los fines de semana, pues tenía un empleo fijo y estudiaba en la Universidad Nacional. Sin embargo seguía la carrera pensando en una opción laboral, no era algo que me apasionaba. Luego comencé a ubicar mis trabajos de escultura, a cubrir los gastos y me jugué por esto, que es lo que me apasiona. Para mí el trabajar por un proyecto es una gran satisfacción. Descubrí mi vocación”, señala Diego, añadiendo que antes de empezar una obra ya se la imagina completa en su mente. “Eso te da la práctica, al igual que la técnica. Esto es mucho de creatividad e imaginación. Para mí la escultura es como una palabra eterna que está esperando paciente, a que alguien quiera o sepa escucharla”.

Obra. Con respecto a su último trabajo, El milagro de la vida, Céspedes explica que es un “sueño cumplido”, pues se trata de su primera obra en la vía pública, y que la misma busca transmitir la belleza y fragilidad de la vida. “Es una obra de esperanza, podemos decir, porque es en defensa de la vida, del niño en el vientre, que es el comienzo de todo. Cuando me acercaron la propuesta yo dije, ‘esto es para mí’, era lo que deseaba, y coincidió con un momento personal muy importante, pues estaba en proceso de ser papá”, explica, y agrega que la experiencia de ser padre despertó en él “una creatividad que no conocía”. “El ver cómo una vida se va gestando, y cómo a esa personita que va creciendo uno lo va cuidando con todo su ser y su sentimiento, me ayudó a entender muchas cosas”, dice.

El artista señala que utilizando el hierro, que es un material fuerte y resistente, la obra expone que la vida “es bella, frágil y pura”, y que la madre, ya desde el vientre, enseña al hijo el sentido de la vida misma que –asegura– es el amor, y lo hace con el ejemplo, ofreciendo ella un amor incondicional.

El artista agrega que la gota que envuelve al pequeño simboliza el agua, que es el principio de la vida, y factor clave de la supervivencia humana. “La mano de la madre, que le roza al niño, muestra el vínculo invisible, pero fuerte de ella con el hijo en su vientre. Pienso que el sentido de la vida es dar y sentir amor; el sentimiento más bello que puede haber, el amor gratuito, amor a todo, a las cosas, a todo lo que te rodea, al tener un día más para luchar por los sueños”.

En cuanto a la posibilidad de ser artista afirma que lo considera “una bendición”, en el sentido de poder saber cuál es su tarea en el mundo y lo que desea hacer en la vida, al tiempo de lograr mantenerse económicamente. “¿Qué vas hacer cuando seas grande?, me preguntaban. Y la mayoría piensa en buscar una forma de sostenerse económicamente y nada más, y se olvidan de sus sueños. Yo tengo la bendición de hacer algo que me apasiona y al mismo tiempo de cumplir mi sueño y tener un sustento económico”, dice, aunque reconoce que una escultura no es tan sencillo de colocar como un cuadro, “que son más fáciles de vender, además todavía no hay una cultura de adquirir esculturas, aunque siempre se venden”, remarca.

A los jóvenes que tienen talento, pero dudan en dedicarse al arte, les recomiendo “no rendirse nunca” y hacer lo mejor que se pueda, “con lo mejor que te nazca del corazón”.