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Corrales, una historia sorprendente

 

El 18 de junio de 1939, dos equipos, uno americano y otro europeo, se encontraron en el Parque Necaxa, el más moderno de su época en México, para jugar un amistoso. Ambas escuadras estaban lejos de su tierra, en circunstancias diferentes. Uno, el modestísimo Atlético Corrales, de Asunción, venía en la parte alta de la Primera División del fútbol paraguayo, cuando había emprendido la más delirante de sus travesías en abril de 1939, desde Argentina y Chile hasta México, reclutando jugadores argentinos por el camino, para luego ir bajando de vuelta hacia el Paraguay; el otro, la selección del País Vasco, parte de España, hacía lo propio desde 1937, enfilando desde el Norte, bajando hasta Argentina y Chile, para luego regresar a México y jugar el último partido de su gira de exiliados republicanos de la Guerra Civil Española, precisamente, contra Corrales.

El caso más conocido de un club sudamericano fundado sobre los orígenes de una compañía de suministro de electricidad es, seguramente, el del Emelec de Guayaquil.

Uno menos conocido y, tal vez, más sorprendente, es el del Atlético Corrales. A principios del siglo XX, Corrales encontró sus raíces en el Sport Mecánico que fundaron los obreros de la compañía de electricidad argentina que ofrecía el servicio de luz y tranvías en Asunción, la CALT. Después, directamente, tomaron el nombre de la empresa. Bajo esta denominación, los futbolistas que trabajaban esencialmente para el transporte asunceno, participaron por primera vez en el torneo de Intermedia en 1929. Fueron campeones ese año, aunque el título les fue arrebatado por no contar con cancha.

Con el impulso del éxito, y con el nombre cambiado definitivamente por obligación en 1936, Corrales se embarcó desde Buenos Aires en un periplo que incluyó 53 partidos en 11 países. En el noveno juego y tercer país, se cruzaron con los vascos.

Formada en su columna vertebral por jugadores del Atletic de Bilbao, reforzada por grandes jugadores de la época de la Liga Española, como Isidro Lángara y Pedro Areso, la selección vasca venía de gira por Europa y América desde 1937, es decir, desde comienzo de la guerra en España. Los futbolistas y clubes de Euskadi no podían participar de los torneos en territorios ocupados por fuerzas franquistas, por lo que jugaron al fútbol fuera de su país para recaudar fondos benéficos. En connivencia con el régimen de Francisco Franco, la asociación argentina y la FIFA prohibieron que disputara los cinco partidos que allí tenía agendados, así como su participación en el torneo mexicano. En esto último, vascos y aztecas hicieron caso omiso a la FIFA. El 18 de junio de 1939, el lance entre Atlético Corrales y la selección de Euskadi, terminó 4-4. También acabó en sonada trifulca. El vasco Iraragorri (quien luego jugó en San Lorenzo de Almagro), fue expulsado con intervención policial luego de haber propinado un gancho de izquierda al refuerzo argentino del Corrales, Seguel, quien lo había pateado. El partido continuó, pero el paraguayo Mendoza fue esta vez quien inició otra ronda de batalla campal. Fue expulsado y el juego terminó minutos después como si nada hubiera sucedido. Para Corrales, los partidos siguieron hasta su regreso a Asunción en abril de 1940. El club desapareció un año después que el escritor Natalicio González, presidente del Paraguay, comenzara la nacionalización de la CALT para transformarla en la ANDE, en 1948. La selección vasca, a su vez, ya venía enterado del más duro revés: La República ya no existía.

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