Por Marisol Ramírez
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Este montaje transmitió una sensación de estar leyendo un entretenido cuento de hadas.
El resultado se debió al logrado trabajo escénico del cuerpo de baile, y en especial a la pantomima y color de Alain (Maximiliano Alsogaray) y Mamá Simone (Rafael Martínez).
En la piel de Simone, el pintoresco Martínez bailó en puntas con una entrega propia de una bailarina, y ganó sus merecidos aplausos y sonrisas.
A su vez, Alsogaray pintó su personaje con comicidad, impecable técnica y elasticidad, y con el gracioso gran cecchet, un paso que desafía la resistencia y flexibilidad en las piernas.
La bailarina Carmen González Cano dio aires de muñeca a su personaje, la rebelde Lisette, quien rehúsa el casamiento comercial preparado por su madre Simone.
Carmen se lució en sus diálogos gestuales con Colin (Manuel Pérez), su pirueta de quinta posición de las piernas, dos simples y uno doble y fouetté, al final de su variación del segundo acto.
Manuel Pérez brilló con un grand jeté, un tours à la seconde, y otras piruetas de su variación del primer acto.
Ambos mostraron mucha energía y resistencia. El cuerpo de baile acompañó de forma bien integrada, lo cual evidencia un muy buen trabajo de Yllasmín González.