Los niños con los que trabaja la profesional tienen una característica general: la dificultad para poder expresarse. La incursión de la terapia de entonación melódica en las consultas con María Laura se dio por casualidad cuando aún era una estudiante.
La fonoaudióloga hace unos años atrás era practicante en el Hospital Regional de Luque. Un día conoció en el centro asistencial a don Paulo, un paciente brasileño de 54 años, solamente decía nao, nao, nao y nao, luego de sufrir un accidente cerebrovascular.
La fonoaudióloga cuenta que en ese entonces utilizó todas las estrategias que tenía a mano, pero su paciente no pronunciaba nada más. Un día pidió a su padre un par de palillos de percusión y como si fuera un juego invitó a don Paulo a cantar lo más común que se canta en las iglesias: “Amén”, “Amén”.
Grande fue su sorpresa cuando él empezó a cantar. Se quedó tiesa y empezó a lagrimear, nadie podía creer.
Fue así que se enteró de una investigación que realizó el MIT de Estados Unidos con las características similares a las que presentaba su paciente. “El paciente tenía el hemisferio izquierdo que corresponde al habla atrofiado. Pero tenía intacto el derecho por eso podía cantar. Leyendo aprendí que él podía recuperar la habilidad de habla con el hemisferio derecho. Lo que se llama plasticidad neuronal”, comenta.
Subraya que la terapia de entonación melódica es un mecanismo muy lúdico que no sirve a todos los pacientes. “Lo importante es que él está súper contento porque se puede comunicar con holofrases, antes nadie lo comprendía. Ya puede decir lo que necesita: baño, agua, cama”, cuenta.
Entre los 18 meses y los siete años, algunos niños atraviesan periodos de disfluencia del lenguaje vinculada a sus esfuerzos por aprender a hablar también conocida como tartamudez. Con ellos y con los pacientes autistas, los fonoaudiólogos musicales apuestan por el ritmo para que se relajen y hablen fluidamente.
Según la fonoaudióloga, de pasado arpista y guitarrista, esto se debe a que la música es algo del corazón. Es el arte que entra por el oído y va directo al corazón.
La estudiante encargada de la cátedra de su especialidad en la Universidad Autónoma de Asunción subraya que la música es una alternativa que tiene sus frutos, no solamente desde el punto terapéutico, sino que al paciente le hace mucho bien anímicamente.