02 feb. 2026

Con los pies de barro

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 21, 5-11. Tenemos los pies de barro, como esa estatua de la que habla el profeta Daniel, y, además, la experiencia del pecado, de la debilidad, de las propias flaquezas, está patente en la historia del mundo y en la vida personal de todos los hombres. «Nadie se ve enteramente libre de su debilidad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo, modelo, maestro, salvador y vivificador».

Cada cristiano es como una vasija de barro, que contiene tesoros de valor inapreciable, pero por su misma naturaleza puede romperse con facilidad. La experiencia nos enseña que debemos quitar toda ocasión de pecado. Es esta una muestra de sabiduría, porque «puestos en ellas, no hay que fiar donde tantos enemigos nos combaten y tantas flaquezas hay en nosotros para defendernos».

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “Este Evangelio consiste en la primera parte de un razonamiento de Jesús: el de los últimos tiempos. Jesús lo pronuncia en Jerusalén, cerca del templo; y la idea se la da precisamente la gente que hablaba del templo y de su belleza. ¡Porque era bello aquel templo!

Entonces Jesús dijo: “Llegará un día en que, de eso que ven, no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido”. Naturalmente le preguntan: ¿cuándo sucederá esto?, ¿cuáles serán los signos?

Pero Jesús dirige la atención de estos aspectos secundarios, ¿cuándo será?, ¿cómo será?, la dirige a las verdaderas cuestiones. Y son dos:

Primero: no dejarse engañar por falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo.

Segundo: vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia. Y nosotros estamos en este tiempo de la espera, de la espera de la venida del Señor.

Esta alocución de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el Siglo XXI. Él nos repite: “Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal).