Opinión

Con la mirada puesta solo en las vacunas

Luis Carlos Irala

Luis Irala Por Luis Irala

En las últimas semanas uno de los temas infaltables en la conversación diaria es sin duda la disponibilidad de vacunas contra el Covid-19. Desde las altas autoridades del Gobierno, pasando por los profesionales de la salud, los empresarios y las familias en general no pasa un día sin hablar del tema de la inmunización.

Con el sistema sanitario operando al tope de su capacidad, con los profesionales médicos y enfermeras ya cansados y estresados, a más de la falta de algunos medicamentos e insumos, obliga a poner la mirada en las vacunas contra el virus como la salida más apropiada a esta crítica situación sanitaria.

Solo que la disponibilidad de vacunas a nivel mundial es insuficiente para cubrir la gran demanda de los países, lo que generó una fuerte puja por las dosis. Según publicaciones, los países más desarrollados están accediendo en mayor cantidad en detrimento de los países pobres o en vías de desarrollo.

Paraguay, según las estadísticas difundidas por los mismos organismos de Salud, es uno de los países que menor acceso tuvieron a las vacunas. Esto obligó a las autoridades a extremar esfuerzos para acceder a los cupos disponibles.

Otra situación a tener en cuenta es que las personas necesitan dos dosis de las vacunas. Si bien un grupo de personas ya fueron vacunadas, la primera dosis no garantiza todavía ninguna protección contra el virus.

Hay reportes de que personas que recibieron la primera dosis presentaron síntomas de Covid-19 y tuvieron que ser atendidos rápidamente por el personal de Salud.

En la situación actual, la vulnerabilidad de la mayor parte de la población es alta y no queda otra opción más que mantener las medidas sanitarias de protección, como el lavado de manos, uso de tapabocas, el mantenimiento de la distancia social, entre otras medidas.

La baja disponibilidad de vacunas despertó el ingenio y los conocimientos ancestrales de los paraguayos y también los habitantes de otros países.

Tal es el caso de los jarabes caseros que las familias están elaborando para levantar la inmunidad de sus integrantes o para frenar el avance del virus en el caso de los ya infectados.

Con base en los conocimientos autóctonos, las familias preparan infusiones con hojas de eucalipto, manzanilla y sal. Según señalan, esto ayuda a limpiar las vías respiratorias y dan un alivio a las personas que están enfermas.

Otra opción que se desarrolla en la casa es la mezcla de cebolla, ajo, eucalipto y jengibre, entre otros ingredientes, para levantar la inmunidad de las personas e incluso para frenar el avance del mismo virus.

Llamó la atención la aparición recientemente de un nuevo compuesto del árbol de tembetary hû (árbol de quina), moringa y eucalipto. Según los estudiosos también ayuda a combatir el Covid-19, aunque no está en los protocolos sanitarios de la medicina científica.

Dada la situación de colapso sanitario que vive el país, las autoridades sanitarias deberían de dar algunos consejos sobre la forma más adecuada de utilizar estas medicinas naturales disponibles en la mayoría de los hogares.

Entiendo que las autoridades sanitarias tienen un protocolo a seguir, solo que en estos momentos esos protocolos ya no alcanzan para toda la cantidad de personas afectadas y sería bueno ensayar algunas opciones dada la emergencia.

Fijar solamente la esperanza en la vacuna como solución a la pandemia puede ser arriesgado en el sentido de que no hay suficientes dosis para todos y recién a finales o principios del año entrante sería inmunizada la población de riesgo.

Pero tenemos todavía ocho meses por delante para que termine el año y urgen medidas alternativas o paliativas mientras llegan más dosis al país.

Las nuevas restricciones que regirán desde el martes 27 también pueden ayudar a mitigar la expansión del virus, pero estimo que solo eso será insuficiente.

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