04 feb. 2026

Cómo superar la apatía ciudadana

Hace tiempo que me interrogo... ¿por qué nuestra gente, ante los problemas comunitarios, regionales, nacionales y de interés general, es tan apática, tan resistente a involucrarse, tan temerosa de manifestarse? ¿Por qué, aparentemente, demuestra tan poco interés por las cosas públicas? Esta observación me motivó a expresar en reiteradas ocasiones que el Paraguay nunca será diferente con paraguayos indiferentes. ¿Qué hacer? Debe haber alguna razón, alguna causa, alguna motivación que explique esta actitud conductual.

Busqué en los principales libros de “paraguayología” (Saro Vera, Helio Vera, Ramiro Domínguez, Domingo Adolfo Aguilera J., Aníbal Romero Sanabria, Wolfgang Streich, y otros), qué sostienen, qué argumentan, cómo descifran nuestros autores respecto de las posibles causas motoras o motivadoras de estas expresiones conductuales sociales, manifiestas o latentes (esperadas) de nuestros conciudadanos, qué les inducen a no participar, a no involucrarse en los asuntos que les afectan. Se prefiere la crítica a la acción, al compromiso, aún advirtiendo que la apatía ciudadana es aliada de la desesperanza.

El tema es realmente complejo y difícil de analizar, y ciertamente no he podido identificar una causa, única e incontrovertible, aun cuando las distintas caricaturas de personajes y situaciones puedan parcialmente reflejar sustratos comunes.

Qué valioso podría resultar el trabajo sistematizado y con rigor metodológico por parte de filósofos, sociólogos, psicólogos, antropólogos y cientistas sociales sobre este tema. En ausencia de este insumo, debo valerme de la reposada observación, de la experiencia y la mesurada valoración subjetiva de cuanto se cuenta para transmitir una opinión sobre tan singular fenómeno social.

Yo creo que el paraguayo, básicamente, vive el presente y se aferra a lo dado, a su entorno. Como su entorno es reducido y cerrado, y es lo que conoce, teme y opera un natural mecanismo de defensa. Podrá encontrarse muchas razones para explicar la puesta en marcha de este mecanismo, pero esta es su circunstancia, su mundo.

Nada puede extrañarnos, por tanto. ¿Pero corresponde esta expresión conductual social a los requerimientos de los tiempos? Si no, ¿cómo orientar las acciones que tengan por objetivo el cambio de ella?

Cualquier propuesta, del género y clase que fuere, que pueda incidir sobre la circunstancia, sobre el mundo del ciudadano paraguayo, será captada como un ataque; por lo que no puede esperarse otra actitud, otra conducta por parte de este que no sea la que denote la resistencia, la defensa, el rechazo del ataque. De modo que para vencer, a su vez, esta resistencia, esta defensa, este rechazo, mi opinión es que debe generarse el hastío.

La apatía ciudadana es un freno a los procesos de cambio, al civismo y a la democracia, por lo que debemos afanarnos en combatirla.

El hastío, el hartazgo, el kuerái y el kueráiro, el mbyaju y el mbyajuro es el estado que desestructura al paraguayo. Por ello, creo que el operador político, el líder que pretenda algún cambio significativo formulando propuestas a la sociedad paraguaya, debe generar en ella el hastío, proveyendo a los ciudadanos conocimientos e informaciones suficientes como para liberar su temor.

La resistencia siempre va ser mayor en los mayores, por lo que el universo privilegiado debe ser el de los jóvenes. Entonces, la sugerencia apunta a suministrar a nuestra gente información veraz, accesible, que tienda a demostrar que las cosas públicas les afecta; generar el hastío respecto de la estructura establecida, y liberar el temor, predisponiéndolo para la construcción del porvenir.

Reitero, solo el hastío, el hartazgo, el kueráiro, el mbyajuro respecto de determinadas situaciones concretas predispone al paraguayo para las innovaciones, para el cambio.

(*) Ex ministro de la Corte