Opinión

¿Cómo salir del entuerto?

Luis Bareiro – @LuisBareiro

A la mayoría de la gente poco le importa quién es el presidente o a qué partido pertenece, apenas que le solucione sus urgencias. Es como cuando acude a un médico; le tiene sin cuidado su ideología, solo espera que le cure. Como mucho, cuando ya le revisó un doctor que lejos de aliviarle el dolor de garganta, le provocó una inexplicable irritación en el esfínter, buscará no repetir a ese profesional, ni a los de su misma escuela.

Quienes no vivimos de la política ni estamos atados al presupuesto público ni pretendemos escalar las pestilentes cumbres del poder, casi nunca reaccionamos según los prolegómenos de las internas partidarias, ni movidos por revanchismos. Solo protestamos cuando la acción o la inacción política deja el ámbito de sus insufribles guerras intestinas y terminan por jodernos la vida a todos.

Pasa ahora con la nueva crisis política instalada en medio de una brutal desaceleración económica y con un gobierno que todavía tiene cuatro años por delante. A la mayoría le da igual si se hace o no un juicio político. Le interesa que, lo que se haga, se haga de manera rápida, y que quien quede tenga gobernabilidad para encarar nuestros problemas reales e inmediatos: la inseguridad, la catastrófica educación pública, el colapso de la salud pública y el desafío histórico de renegociar el acuerdo de Itaipú.

Repasemos lo que ya sabemos sobre la causa de la última crisis: el acuerdo negociado con Brasil sobre el uso de nuestra mitad de la energía de Itaipú.

Podemos afirmar, a partir de toda la documentación que se publicó, que el primer grave error de nuestros negociadores fue partir de lo que exigía Brasil (que aumentemos en un 60% la contratación de energía más cara) y no de lo que consiguió hasta ahora el Paraguay en compensación por los muchos beneficios brasileños (el acuerdo del año 2007). En 2007, se pusieron en funcionamiento dos turbinas más en la hidroeléctrica, aumentando la energía garantizada (la que compra mayoritariamente Brasil) y reduciendo la producción de energía excedente (la más barata, que compramos mayoritariamente nosotros). En compensación, se acordó que el Paraguay mantuviera su derecho de decidir cuánta energía garantizada contratar (la más cara), prioridad absoluta para comprar toda la energía excedente (la más barata) y que pudiera eventualmente (ante picos de demanda) hacer uso de parte de la potencia contratada por Brasil.

Hay que entender que este acuerdo es sobre nuestra porción de energía, la que hasta hoy Brasil no nos permite vender directamente en su mercado. Cualquier negociación tiene que partir de esta base del 2007 para obtener más, nunca para conseguir menos. Nuestros negociadores diplomáticos partieron estúpidamente de lo que pedía Brasil, no de lo que nosotros ya conseguimos, y terminaron obligándonos a aumentar la contratación de determinada cantidad de energía más cara y castigando el posible uso de la potencia contratada por Brasil. Una regresión inadmisible.

De los documentos se desprende que nunca se discutió siquiera la posibilidad de vender energía paraguaya en el mercado brasileño, eso solo existió en un ayudamemoria de la ANDE. Debatieron sobre las exigencias del Brasil y nada más. Su presidente, Jair Bolsonaro, mostró claramente sus intenciones: eliminar lo poco que conseguimos bajo los gobiernos brasileños de la izquierda.

Ahora hay que arreglar este pastel y hacerlo con un Bolsonaro furioso y un gobierno paraguayo que hace aguas. Para colmo, en medio de la negociación, se coló el dudoso intento de una empresa brasileña de comprar energía de ANDE y venderla en Brasil (lo que, por sí mismo, no es malo), pero bajo el sospechoso auspicio del vicepresidente paraguayo y un colaborador político del presidente brasileño.

¿Cómo encaramos el entuerto? ¿Le damos oportunidad a esta Administración de que arregle su desastre, o la tumbamos en juicio político y que asuma el presidente del Congreso y convoque a elecciones?

Los partidarios y detractores militantes están insufribles esperando que todos alcemos su bandera. Lo cierto es que la mayoría solo quiere que el despelote se resuelva rápido, y que se defina quién será el médico, porque la garganta le está matando y hay un escozor creciente en el recto.

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