Por Marisol Ramírez
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Francesco es la segunda coreografía realizada por Miguel Bonnin, que se empapa de espiritualidad.
La primera propuesta fue con Ejercicios espirituales, que expuso la representación de una experiencia de amor humano, infinito, incluso divino.
En esta ocasión, Bonnin se inspiró en la vida del santo, y retrató importantes etapas del proceso de acercamiento a la santidad de Asís.
Bonnín logró despertar la conexión espiritual a través de los movimientos del cuerpo y la belleza estética del ballet.
La técnica en los bailarines, el color en los vestuarios de Ricardo Migliorissi, las luces, la escenografía de Tessy Vasconsellos suman en la vistosa obra.
Al placer visual, se agrega también la música y los relatos de una voz en off. Cada pieza musical encaja con los movimientos y el desarrollo de la historia.
El espectador se conecta así con el contenido de la historia, también a través de lo audible, además de lo visual.
Un acierto de Miguel Bonnín, pues consigue conmover al espectador, acercando los valores del santo, tales como su renuncia a lo material, su pureza de corazón, el mensaje de entrega a la naturaleza.
Las escenas de la historia muestran eficazmente las etapas de su proceso para llegar a la santidad, desde su paso por las cruzadas.
La escena del casamiento con la Dama pobreza, inspira ternura, tanto por las interpretaciones de Anton Joroshmanov (Francesco) y Gabriela Flecha (Pobreza).
La música que evoca Yo soy de la Chacarita es particularmente acertada. Se luce también Maia Ayala como la Hermana Muerte, y es destacado el gran final con el Himno a la alegría y la danza de todos los personajes de la historia.