Una sociedad muy permisiva, que tolera las transgresiones de las normas sin que ni siquiera las autoridades legítimamente constituidas les pongan frenos, se encamina hacia la degradación y el caos.
Al no haber sanciones o al ser estas tan insignificantes, se van perdiendo el respeto a las leyes y a toda disposición que tenga por finalidad mantener el orden para cumplir fines específicos.
En el Paraguay, lastimosamente, hay un riesgoso desborde de falta de acatamiento a las normas, amparado por la impunidad que ofrece el poder político, pero extendido a todos los ámbitos.
La ampliación de las fronteras del narcotráfico al amparo de la narcopolítica es uno de los ejemplos de cómo la ausencia de oportuno freno a la delincuencia produce consecuencias cada vez más graves y menos predecibles.
Por eso cuando emerge una actitud que busca el cumplimiento de propósitos que interesan a la sociedad y fundamentada en principios a los que respaldan valores humanos, hay que destacarla en su justa medida.
El colegio privado Santa Teresita, de Luque, ha vivido la ingrata experiencia de 8 alumnos del último año del nivel Medio que el 20 de octubre pasado causaron destrozos en una de las aulas de la institución.
Haciendo uso de su legítimo derecho a adoptar sanciones, tras hacer las averiguaciones del caso, sus autoridades cerraron sus puertas a los protagonistas del acto vandálico más digno de patoteros que de estudiantes que contaron con el respaldo de compañeros que bloquearon el acceso al lugar donde cometían su tropelía.
Las presiones de un sector de los padres –porque el otro apoyó la determinación y se ubicó del lado de la dirección del colegio– para reducir o anular la sanción no se hicieron esperar. Aun así, a sabiendas del poder social, económico e incluso político de algunos de ellos, se mantuvieron inalterables en la decisión asumida.
Si bien la difusión de lo ocurrido afecta su imagen, la institución sale ganando porque fortalece su prestigio moral al obrar como debía en el momento en que las circunstancias le reclamaban una postura comprometida con principios educativos de responsabilidad social.
La lección que transmite el colegio Santa Teresita a sus alumnos y a sus padres es que las transgresiones a las normas tienen su castigo, incluso para sus encubridores, ya que los que les dieron cobertura se quedarán sin su ceremonia de colación. Y, además, que cada uno tiene que asumir personalmente las consecuencias de sus actos.
Por extensión, el mensaje a las autoridades de la República y a la sociedad en general es que no puede haber impunidad cuando se constatan fehacientemente hechos que atentan contra el respeto a los demás y constituyen un severo quiebre en la convivencia.