12 abr. 2026

¿Clase media, dónde?

Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

Más de uno habrá quedado sorprendido ante la información que este diario ofrecía el sábado pasado, que decía que el 50% de nuestra población ya es de clase media. En principio, uno quiere ser respetuoso de los estudios de cuño empírico, como este que fue realizado por el Banco Mundial (BM) y la Secretaría Técnica de Planificación, y que tuvo como base la Encuesta Permanente de Hogares. Pero no se puede evitar tomar tal “hallazgo” con incredulidad, pues la percepción que nos da el contacto diario con la gente nos hace ver que es una clase social pobre la que sigue enseñoreándose entre nosotros y no una clase media.

No conozco ciertamente cuál es el concepto exacto de clase media que el BM propone, pero en principio es con seguridad opuesto al que muchos otros entendíamos como tal. Uno de los parámetros que se usaron, según Última Hora, era que creció el porcentaje de gente que ganaba diariamente 50 mil guaraníes. Con este dato y otros más, llegan a la conclusión de que la clase media y superior ahora abarca a la mayor proporción de nuestra población; es decir, los pobres son minoría ahora.

¿Quién no quisiera aceptar esta información como verdadera? Sin embargo, lo que vemos a diario es otra cosa. Bien sé que la percepción de una persona, o de varias como yo que opinan lo mismo, no puede servir para contrarrestar un estudio basado en una encuesta nacional. Sin embargo, nadie puede discutirnos que tales encuestas se realizan a partir de parámetros muy discutibles con la sola intención de lograr unos porcentajes para la exportación y para algunos incautos oficialistas.

Además, ¿cuántos estudios similares, provenientes de entidades estatales, organizaciones no gubernamentales o internacionales, han surgido últimamente y que afirman lo contrario? No creo que nuestros científicos sociales sean tan malos, pero sí sabemos que las definiciones usadas son distintas y los datos e interpretaciones de estas pueden ser enfocados de manera distinta, amén de la manipulación siempre amenazante para estos estudios.

Lo único positivo que vi en estos años es la preocupación cada vez mayor de los gobiernos por la pobreza. El tema se instaló en el discurso. Sin embargo, las políticas públicas dedicadas a combatirla dejan mucho que desear y entonces lo que resta es inventar números para apaciguar los ánimos y seguir viviendo en el engaño.

Creo que este gobierno y los que vengan deben seguir preocupados en sacar a los paraguayos de la pobreza y no inventar estudios que maquillen la cruda realidad. De lo contrario, esta nos estallará en la cara y no habrá porcentaje que pueda pararla.