12 abr. 2026

Claramente oscuro

Por Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Benjamin Fernandez

La “mexicanización de la Argentina” de la que habló el papa Francisco hace unos días no gustó a ninguno de ambos gobiernos. Y no había razón para que así lo fuera. Aquí en la capital mexicana eso significa cargarse referencias como la pobreza, la inequidad, los carteles de las drogas, la debilidad institucional... y otros conceptos asociados a lo que podría concluirse en un estado fallido.

Creo que ambos países están aún lejos de eso, pero están haciendo sus gobiernos todo lo posible por alcanzarlo.

La inequidad social enfrentada con mendrugos de apoyo económico no es suficiente para resolver el problema. Sirve quizás para ganarse las siguientes elecciones, pero no genera la sensación tampoco de que a los gobiernos en realidad les interese el tema.

No saben cómo ser eficaces y deben coexistir como aquí con el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, y la mitad de la población sobreviviendo con un dólar diario.

En la Argentina, la presidenta acosada por Tánatos afirmó que incrementaría el subsidio con un claro fin proselitista, pero muy lejos de abordar con rigor y seriedad lo que desde el gobierno no se hace bien.

Los niveles de corrupción van casi siempre asociados a los niveles de desigualdad a veces por consecuencia, y otras por causa.

Aquí, con razón, hablan de democracias diluidas o diluyentes. Aquellas que no sirven para otra cosa que para sostener el rito, pero sin ningún evangelio cívico que concelebrar.

La cuestión es estirar lo más que se pueda el statu quo y buscar agotar a quienes intentan cambiarlo.

El subcomandante Marcos es historia y postal, pero las razones de su lucha siguen inalterables.

Los programas de ayudas a familias carenciadas han logrado mostrar un mínimo de compromiso del gobierno, pero están muy lejos de lograr que generaciones empobrecidas salgan de esta ecuación que ha hecho que la droga y su trasiego se conviertan en una de las pocas oportunidades que tienen miles de parecerse a los que nunca podrán alcanzar.

La mexicanización fue lo mismo que la colombianización. Estados incapaces de hacer frente a las causas que generan las desigualdades que lamentamos y carentes de coraje para ayudar a los ricos a que sostengan su riqueza sin riesgo de secuestros o de muertes.

Hay que salir de esta ecuación del diablo que nos lleva a perder entusiasmo en la democracia y para muchos anhelar la dictadura.

Esta que tenemos se diluye en planes inanes y en gobiernos que todavía creen que pueden estirar por un buen tiempo esta realidad que desborda y atemoriza.

Aquí en México, los intelectuales han tomado la palabra porque los partidos son funcionales al problema y no quieren resolverlo. Les da igual continuar con esto al que tomaron no como responsabilidad sino como recreación.

El espectáculo de la decadencia es tan grande que no nos debe asombrar de ninguna manera que el payaso Brozo sea la voz de la conciencia de México o que las modelos paraguayas hayan decidido buscar asaltar el poder.

Sin faros ni destino cualquier camino es el más corto y cualquier sirena es capaz de cantar un futuro claramente obscuro.