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Carpa de Solidaridad del Ineram se cierra, tras 6 meses de lucha

ASISTENCIA. Ahora ayuda se debe dar directamente a los parientes de pacientes que están internados. TRABAJO. Por el espacio pasaron miles de personas y dio respuesta a más de 200 al mismo tiempo.

La carpa está oficialmente cerrada, anuncia Graciela Gamarra, sobre la Carpa de la Solidaridad, conocida también como Donaciones del Ineram, el lugar montado hace seis meses con el ascenso de casos por Covid-19. Fue su casa junto a otros voluntarios espontáneos, todos con familiares muy cercanos en la lucha por hacerle frente al coronavirus en una batalla dispar contra el tiempo frente a una nueva enfermedad, sin recursos y clamando un lugar para la atención médica.

Corridas por falta de camas, escasez de medicamentos específicos, noches desoladas con tormentas, muchas son las vivencias que marcan a los que fueron parte de la causa que abrazaron, incluso, tras el alta de sus pacientes.

La carpa de donaciones contó con la solidaridad de todo un pueblo, insumos y comida llegaron de asociaciones, iglesias y ciudadanos convocados espontáneamente, comparten los voluntarios del lugar.

“Culminamos un ciclo que queda para contarles a nuestros hijos, nietos y a todos quienes quieran saber cómo nos tocó a cada paraguayo la llegada del Covid-19 a nuestro país”, describe Graciela, quien combinó durante la pandemia su profesión de docente con su familia con tres hijos.

La iniciativa, recuerda, se inició con Graciela Benítez y culminó con Graciela Gamarra, pasaron distintos voluntarios de todo el país con quienes se formó una comunidad de grandes afectos.

“Lo más duro jamás fueron las tormentas o la falta de alimentos o agua, siempre fueron los informes críticos de algunos días de nuestro familiar, porque siempre se vivía el día a día en ese lugar”, comparte y recuerda ante el cierre Cielito Duré, quien relata que pasó 29 días de internación con su hermano, 14 de ellos en Terapia Intensiva, y destacó que la carpa siempre fue un lugar donde desahogarse y no solo encontrar ayuda con insumos o alimentos. Y así miles de historias que se replican, entre las veces que las carpas no soportaron y se partieron en varios pedazos en medio de la tormenta y los amigos, e incluso matrimonios que se formaron en medio de la comunidad.

“Alguna vez voy a escribir un libro de todo lo que nos pasó”, había compartido con ÚH Graciela Gamarra, en el momento más crónico de Salud Pública con el colapso del sistema sanitario. La docente había pasado también, a la par de su gestión solidaria, por la pérdida de su padre, para quien la cama de Terapia Intensiva llegó tres horas tarde. Y la internación de su madre, ambos en servicios distintos. Esta experiencia le hizo tomar el espacio solidario como una causa y junto con otros voluntarios sostuvieron el lugar incluso tras las altas.

En medio del desmonte de lo que fue el refugio de muchos parientes de pacientes, Graciela comparte que quieren que el Niño Jesús, que convocaba a las personas en sus momentos más críticos, permanezca y forme parte del predio del hospital, es un deseo que está en tratativas, en tanto la imagen fue trasladada a la casa de unos colaboradores, quienes montaron el nicho para resguardarla.

MENOS CARPAS

En tanto, todavía en el predio se observan familiares de pacientes, la calle en las inmediaciones del hospital no están vacías, pero ganaron un poco de paso para los autos con el descenso de ingresos al nosocomio. Desde la carpa de Donaciones del Ineram, aclaran que aún con la considerable baja continúan las necesidades, y sugieren acercar las donaciones directamente a las personas apostadas en el lugar. Y recalcan que como organización espontánea ya no recibirán donaciones bajo el nombre de Donaciones Ineram.

A inicios de agosto, se anunció la primera reubicación de las casas temporales, muchas de las cuales fueron retiradas, ya que solo quedaban 35 pacientes internados con casi la misma cantidad de parientes viviendo fuera, que en los meses de abril, mayo, cuando fueron hasta 210 personas a la espera de reportes médicos.

Las iniciativas solidarias fueron desde inicio del incremento de casos el sostén en el patio de los hospitales, como una práctica que se instaló en los centros asistenciales de referencia, entre el Hospital Nacional de Itauguá, IPS Ingavi, Ineram y el Hospital de Clínicas, que sin ser oficialmente un centro Covid-19 se convirtió en un puesto benéfico que llegó a centralizar ayuda a otros hospitales. Actualmente, en estos puestos también se percibe la baja de internados que pasó de casi 6.000 en salas comunes y UTI a poco más de 600.

Culminamos un ciclo que queda para contarles a nuestros hijos, nietos y a quienes quieran saber cómo nos tocó la llegada del Covid. Graciela Gamarra,
pariente.

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