Opinión

Carnaval

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

En Venecia usan máscaras para simular personajes que no son, se esconden tras ellas para dar una ilusión de algo que no existe. Bailan, se disfrazan y fingen. Es la temporada ideal para simular lo que no se es pero sirve para proyectar lo que en realidad son. Más o menos eso existe con nuestra llamada reforma del Estado que lo emprende nada menos que el vicepresidente de la república quien encarna en su persona y en su accionar todo lo que requiere ser reformado. Desde acusaciones duras de corrupción hasta empleo parasitario de toda su familia se repiten contra el todos los días. Hugo Velázquez nos está diciendo que se quiere cambiar este Estado que se lleva solo en salarios el 80% de los impuestos que pagamos y que tiene un nivel de desorganización tal que en su interior solo puede campear a sus anchas la corrupción. Los empleados públicos, que han sido de los pocos que han cobrado sus salarios completos en estos dos meses de cuarentena, defienden su bastión colocándose detrás de los que menos ganan. Son como los sojeros que cada vez que se les pide que tributen más salen con el argumento que la gran mayoría de los cultivadores son minifundiarios. Argumento común en el carnaval de la función pública que debe acabar.

Los diputados han pateado el tema de los recortes con media sanción de senadores para finales del mes de mayo, en el ánimo claro y contundente de mantener sus privilegios por el mayor tiempo posible. Los de las binacionales se sustentan en la isonomía (que los de acá cobren igual que los de allá) cuando es posible comprobar en documentos oficiales que solo el chofer de Nicanor en Yacyretá gana tres veces más que el titular argentino de la contraparte. La abogada de Itaipú esgrime los argumentos de un abogado -conocido por haber hecho del Estado su nido de ocupación familiar- de que los contratos laborales no se pueden alterar y que la ley vale menos que el convenio firmado entre los dos países. Los planilleros se escudan detrás de los médicos, maestros y policías para afirmar que no se les puede reducir el 60% de sus salarios en coincidencia con la baja de pago impositivo del mes anterior. Son 320.000 y representan el voto duro de todos los partidos. El Frente Guasu que tuvo a la médica Lilian Soto al frente de la secretaria de la función pública durante la gestión de Lugo reconoce haber hecho ingresar 80.000 nuevos funcionarios durante sus 4 años de gestión. Eso es un cuarto de todo el ejército de votos fieles a los que habría que sumar como mínimo otros cuatro miembros de sus familias que han jurado lealtad al nombrador. Este es el carnaval que nos cuesta más de 4.000 millones dólares anuales y que tiene que terminar.

A todo eso le sumamos al otro sector de las carnestolendas: Las compras de bienes y servicios y ahí podemos concluir con claridad que el Estado no nos pertenece a los contribuyentes si no que es un botín al servicio de la gavilla que accede al poder. En este rubro hay como mínimo 50% de sobrefacturación en todo lo que se compra además de la irracionalidad en su procedimiento. Los almuerzos escolares son concedidos a empresas ubicadas en Asunción para ser entregados a lugares que quedan a 300 kilómetros del lugar de producción. Eso hace que el costo del plato sea como mínimo el doble cuando pudiera radicarse en lugares cercanos dando ingresos a los productores y a las empresas locales que brinden el servicio. Se roba en todo. Insumos y medicamentos, ladrillos, cementos, varillas, kits escolares, combustibles... son parte de un despilfarro que nos empobrece y nos debe molestar.

El carnaval del Estado de salarios y de compras tiene que acabarse y los que simulan la reforma del aparato burocrático deben saber que no somos tontos en creer unas promesas que no pretenden jamás ser cumplidas porque claramente van en contra de su genética, sus intereses y sus familias.

Dejá tu comentario