“Asumo con alegría la titularidad de esta hermosa e histórica Basílica de San Giovanni a Porta Latina, integrándome así al Clero de Roma, en plena comunión con el papa Francisco, obispo de esta iglesia particular y Pontífice de la Iglesia Universal”, esbozó el cardenal en un fluido italiano.
Se declaró admirador de la historia de la parroquia, que ahora está a su cargo y que fuera dedicada a San Juan Evangelista, en cuyo texto se inspira su carta pastoral al frente del Arzobispado Metropolitano. “Este humilde servidor ha tomado de su Evangelio su lema episcopal: ‘Que todos sean uno’ y ha hecho de esta oración del Señor el programa de su servicio episcopal”, expresó durante su prédica.
El ser titular ahora de esa basílica –dijo– significa para él una manera de vivir la experiencia de la Iglesia Universal. “Ser cardenal me exige estar mucho más unido a Jesús, al pueblo fiel de Dios que no tiene fronteras, que tiene ese corazón de Cristo que es un corazón abierto para la vida y esperanza del mundo”, expresó.
Al asumir como titular de esa iglesia romana, no rige ni gobierna en esa parroquia, sino que vela espiritualmente por ella y le sirve como sede cuando el cardenal debe realizar algún acto litúrgico durante su paso por la Santa Sede.
Línea pastoral. Martínez invitó a los sacerdotes de esa jurisdicción a colaborar activamente con el obispo de Roma en su impulso de una iglesia en salida. “El Santo Padre nos llama a ser una iglesia sinodal; necesita nuestra activa colaboración tanto en Roma, Asunción o en cualquier parte del mundo para impulsar y fortalecer la eclesiología del Concilio Vaticano II, Iglesia Pueblo de Dios, en el caminar juntos, en la escucha fraterna, en la corresponsabilidad, cada uno desde nuestro rol específico: Obispos, presbíteros, diáconos, personas de vida consagrada, fieles laicos, para que la iglesia sea casa y escuela de comunión e instrumento eficaz del Reino de Dios y su Justicia”, apuntó.
Monseñor Adalberto hizo un repaso de su trayectoria como sacerdote y obispo en las distintas diócesis por donde estuvo, desde su ordenación como presbítero el 24 de agosto de 1985 en la parroquia La Piedad, de Asunción. Fue nombrado obispo en 1997, habiendo sido auxiliar de Asunción. Fue obispo de San Lorenzo, de San Pedro, del Obispado Castrense, de Villarrica y Caazapá, hasta volver a la arquidiócesis de Asunción, en la actualidad, como arzobispo metropolitano.
“Soy un peregrino al servicio del Reino de Dios por medio de la iglesia”, postuló.