El canciller alemán y presidente de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Friedrich Merz, se aferró ayer al poder, al negarse a dimitir tras hundirse completamente su partido en el estado federado nororiental de Mecklemburgo-Antepomerania y confirmarse el vertiginoso ascenso de la ultraderecha, y tras perder en Berlín ante La Izquierda.
“El resultado en Mecklemburgo-Antepomerania no podemos maquillarlo. Es un desastre”, dijo en la sede de la CDU en Berlín, después de que las proyecciones incluso dieran al partido por fuera del Parlamento regional con un 4,9% de los votos, en lo que es el peor resultado electoral en la historia del partido.
El canciller admitió en una comparecencia inusual y sin preguntas que Alemania es “un Estado que se ha vuelto demasiado complicado” y un país con una “economía que se encuentra en medio de una profunda transformación”. A esto se suma que la “confianza en las instituciones está disminuyendo”, reconoció.
Pero según él, la culpa es de “partidos radicales tanto de izquierda como de derecha” que socavan esa confianza.
Merz se mostró convencido de que sus reformas serán “el remedio contra el veneno autoritario que, con la fascinación por lo autoritario, penetra cada vez más profundamente en la sociedad” alemana.
La CDU se niega a cooperar no sólo con AfD, una postura compartida con los otros partidos del espectro democrático, sino también con La Izquierda.
Según Merz, la respuesta al descontento ciudadano, no puede consistir “en hablar continuamente de todo lo bueno como si fuera malo”, sino “preparar a nuestro país para el futuro”, aunque duela a la ciudadanía.
“Lo que hay que hacer ahora requiere valentía, firmeza y paciencia. Yo aportaré todo ello como presidente de la CDU y, sobre todo, como canciller de nuestro país”, enfatizó.
El canciller insistió en que “no podemos aplazar ahora estas decisiones, ¡Las reformas tienen que llegar!”, subrayó.
Futuro incierto. De momento, la cúpula no ha querido retirarle la confianza, aunque el lunes habrá otra reunión en la Casa Konrad-Adenauer, ni tampoco el socio de coalición.
El futuro de Merz es todo menos cierto. El semanario Der Spiegel augura que la debacle “no quedará sin consecuencias” y afirma que “la única cuestión es ¿cuánto tiempo podrá aguantar todavía?”. EFE