04 ene. 2026

Buscando a su padre, un paraguayo rescata del olvido a los desaparecidos de la dictadura

Asunción, 1 abr (EFE).- Desde que el médico Agustín Goiburú fue secuestrado por su activismo contra la dictadura paraguaya, su hijo Rogelio no cesó de buscarle, una necesidad que terminó convirtiéndole en el responsable de remover cielo y tierra para encontrar restos de los cientos de desaparecidos del régimen.

Fotografía del 30 de marzo de 2016 del titular de la dirección de Reparación y Memoria Histórica del Gobierno paraguayo Rogelio Goiburu posado en su oficina en Asunción (Paraguay). EFE

Fotografía del 30 de marzo de 2016 del titular de la dirección de Reparación y Memoria Histórica del Gobierno paraguayo Rogelio Goiburu posado en su oficina en Asunción (Paraguay). EFE

Agustín Goiburú era uno de los más aguerridos opositores al régimen militar de Alfredo Stroessner (1954-1989) cuando fue secuestrado en Argentina, donde se había exiliado.

Un suceso que marcó el futuro de Rogelio.

“En principio estaba motivado por encontrar a papá pero a medida que pasaba el tiempo y sabiendo que había más de 500 denuncias, empezamos a documentar esas desapariciones y ya llevamos unas 450 documentadas y 34 exhumaciones”, dijo Goiburú a Efe en la pequeña oficina en Asunción habilitada por el Ministerio de Justicia.

Rogelio iba para médico, pero su vida cambió para siempre el 9 de febrero de 1977. Su padre salía de su jornada habitual en un hospital de Paraná, en la provincia argentina de Entre Ríos, cuando un Ford Falcon verde chocó contra su automóvil.

Era una trampa. Dos hombres armados le golpearon en la cabeza y le introdujeron a la fuerza en el Falcon verde, el automóvil favorito de las fuerzas de seguridad de la época. Nunca más se pudo saber de él.

Agustín había escapado tres veces de las garras de la maquinaria represora, pero el propio Stroessner (1954-1989), lo tenía en la mira por su participación en un complot fallido para asesinarle.

Conocido en Paraguay por la incesante búsqueda de su padre, Goiburú fue convocado en 2008 por la Comisión de Verdad y Justicia para hacerse cargo del seguimiento de los casi 500 desaparecidos que la dictadura dejó como sangriento legado.

Rogelio comenzó a dedicarse exclusivamente a la investigación y a la excavación de fosas comunes u olvidadas en donde militares y policías enterraron a activistas, disidentes políticos, maestros y otros inocentes que sufrieron represalias a manos del régimen militar paraguayo.

Su trabajo, acompañado de otros muchos solidarios activistas, ha ido dando sus frutos a pesar del casi nulo apoyo que el Gobierno da a esta iniciativa civil, cuya responsabilidad en realidad le corresponde al Estado.

“Hemos avanzado a pesar de la falta de recursos, la poca responsabilidad del Estado, de la indiferencia, la ignorancia, la desidia y el desconocimiento de autoridades que podrían hacer mucho más”, explicó.

Los restos de los hasta ahora 34 cuerpos exhumados fueron recientemente enviados al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), casi tres años después de que el Gobierno paraguayo prometiera los fondos para pagar el análisis requerido para identificarlos.

Gracias a esto, es probable que antes de fin de año Paraguay empiece a poner nombre al casi medio millar de víctimas olvidadas.

Serán los primeros identificados de los 425 ejecutados o desaparecidos constatados por la Comisión de Verdad y Justicia de entre casi 20.000 presos políticos.

El afán de Goiburú es que el Estado se blinde contra delitos de lesa humanidad para “que no se repita lo que ocurrió en el pasado”.

“Fue un periodo de mucha angustia, de mucho miedo. De eso se trató el terrorismo de Estado, de sembrar el miedo en la población y en las familias. Nosotros no podíamos volver a Paraguay en la dictadura, sabíamos que si volvíamos íbamos a ser inmediatamente apresados”, recordó.

“Falta el compromiso serio del Estado. No hay un presupuesto anual para identificaciones. Necesito historiadores, sociólogos, arqueólogos, abogados, psicólogos, pero solo estoy yo y una compañera funcionaria cedida por el Congreso”, declaró.

La primera vez que Goiburú y su equipo lograron abrir una fosa de la dictadura fue en 2008, en el departamento de Paraguarí.

Rogelio recuerda que “un ejército de personas” se agolpaba alrededor de los grandes montículos de tierra roja que habían retirado en busca de dos campesinos que fueron torturados y asesinados en el lugar en 1976.

A un metro de profundidad encontraron los restos.

“Es muy movilizante encontrar a un desaparecido. Por un lado es una gran angustia porque uno piensa que es su familiar. No te puedo expresar el sentimiento que uno tiene cuando desaparece un ser querido, como en mi caso es mi padre, y sueñas cada día con encontrarlo”, expresó.

“Pero da tanta alegría. Porque finalmente uno sabe que este ser humano, en el último segundo de su vida, quería ser encontrado. Y si no es mi padre, es el familiar de un compatriota que lo busca tanto como yo”, afirmó.

Por Santi Carneri

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