La reflexión del párroco sobre el ayuno y la limosna en la Iglesia de San Francisco nos golpea de manera especial en el encuentro con el paralítico y su infaltable presencia dominical, sentado a la puerta del templo, con la mano derecha extendida y suplicante. Está también a su izquierda la ancianita sin dientes, arrugadísima en sus tristezas, tratando de animar la ayuda, a pesar de la competencia del inválido. Estos y otros dramas nos sacuden especialmente con las palabras del pa’i: “Si no les han dolido las tripas por el hambre, nunca podrán comprender la pobreza extrema, la del que no tiene qué llevarse a la boca”. Y continúa: “Por esta experiencia de ayuno, nos ponemos en lugar del que pasa hambre y apuramos nuestra generosidad”.
Abril 15, 2014 10:00 p. m.