25 abr. 2026

Brigitte Bardot Muere la legendaria actriz francesa

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AFP
PARÍS

La legendaria actriz francesa Brigitte Bardot, ícono del cine, defensora de la causa animal y conocida por sus comentarios polémicos, murió ayer a los 91 años, tras décadas alejada del estrellato.

La protagonista de Y Dios creó a la mujer y El desprecio rodó medio centenar de películas, impuso un estilo de vestir simple y sensual, y forjó la leyenda de Saint-Tropez en Francia, y de Buzios en Brasil.

“La Fundación Brigitte Bardot anuncia con inmensa tristeza el fallecimiento de su fundadora y presidenta”, indicó la institución en un comunicado, precisando que murió el domingo por la mañana en su residencia de La Madrague, en Saint-Tropez.

Una leyenda. Fuera de su residencia, en la Costa Azul, un puñado de fans depositaron flores. “Lloramos la pérdida de una leyenda del siglo”, reaccionó en X el presidente francés, Emmanuel Macron.

Marine Le Pen, líder del partido de ultraderecha Agrupación Nacional, con el que Bardot no ocultaba su cercanía, homenajeó a una mujer “increíblemente francesa: libre, indomable, íntegra”.

En los últimos años, la actriz que encarnó la liberación de las tradiciones en la Francia de los 50 causó controversia con sus declaraciones sobre política, migración o el mundo de la caza. Algunas le valieron condenas por difamación.

“La libertad es ser uno mismo, incluso cuando incomoda”, escribió en el epílogo de un libro titulado Mon BBcédaire, publicado en octubre.

La Marilyn Monroe francesa. Antes de que se hablara de sus posiciones políticas o sociales, B.B. por sus iniciales, era simplemente un mito: la de una mujer liberada de la moral, la forma de vestir, del amor y los códigos sexuales.

“Brigitte Bardot, Bardot/Brigitte besó, besó/y dentro del cine/todo el mundo enloqueció”, cantaba el brasileño Jorge Veiga en los 60, una composición a ritmo de samba testigo de la fascinación planetaria por esta mujer de mirada insolente.

Era una mujer que “no necesita a nadie”, como ella misma cantaba en el título compuesto por Serge Gainsbourg en 1967.

Muchos consideraron a Bardot como una Marilyn Monroe “à la française”, también rubia y de una belleza impresionante, perseguida por los paparazis día y noche, y con una tumultuosa vida privada.

A mediados de los 70, antes de cumplir 40, y tras medio centenar de películas, decidió abandonar el mundo del celuloide. Dos escenas habían ya pasado a la historia del cine: un mambo febril (e improvisado) en un restaurante de Saint-Tropez (Y Dios creó a la mujer) y un monólogo, pronunciado desnuda, donde enumera las partes de su anatomía (El desprecio).

Orígenes burgueses. Nada predestinaba a la joven Brigitte a esa fama: nacida en el seno de una familia burguesa en 1934, era una apasionada de la danza y probó suerte en el modelaje. Se casó con su primer amor, Roger Vadim, quien le confió el papel de Juliette en Y Dios creó a la mujer, y se inició la leyenda de sex symbol.

Tras el éxito del filme, Bardot no paró de rodar, desatando pasiones. En 1960, en el apogeo de su gloria, dio a luz a un niño, Nicolás, su único hijo, bajo la mirada inquisitiva de la prensa. Bardot dijo que le faltaba instinto maternal y dejó la crianza del niño en manos de su nuevo esposo, Jacques Charrier.

Después de Vadim y Charrier, se casó con el playboy y millonario alemán Gunter Sachs y luego con el industrial Bernard d’Ormale, cercano al Frente Nacional.

UN ÁNGEL PARA LOS ANIMALES. Entró entonces en escena otra Brigitte Bardot, dedicada a la causa animal.

En el rodaje de su última película L’histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise, en 1973, había una cabra, y para evitar que acabara transformada en plato de comida, Bardot la compró y la instaló en su hotel.

Rápidamente se convirtió en defensora de animales salvajes y domésticos.

Hizo campaña contra la tauromaquia, contra la caza de elefantes, exigió que los franceses dejaran de comer carne de caballo.

En esta segunda etapa de su vida, pasó su tiempo entre su casa de La Madrague y otra residencia más discreta, La Garrigue, también en el sur, donde se dedicaba a recoger animales en peligro y gestionaba su fundación, creada en 1986.

Huella en la moda: “Mi estilo es que no tengo estilo”

Brigitte Bardot dejó también una huella duradera en la moda por su estilo sencillo y rompedor, aunque ella asegurase que no se atenía a ninguno. “Mi estilo es que no tengo ningún estilo”, solía responder la actriz y cantante cuando le preguntaban sobre cómo influyó su manera de vestir (y también de peinarse) en la moda de la segunda mitad del siglo XX, y más allá. Las bailarinas de la marca Repetto, las camisetas marineras y los vaqueros de talle alto son algunos de los legados de la simplicidad del prêt-à porter de Bardot, lejos del glamour que destilaban estrellas como Audrey Hepburn, con diseñadores como Givenchy, o la francesa Catherine Deneuve, con Yves Saint Laurent. También han pasado de generación en generación el moño alto con mucho volumen en la coronilla –con la particularidad de que siempre parecía estar a medio deshacer–, el flequillo largo, el rubio platino ligeramente dorado de su tinte y la cinta ancha en la cabeza para retirar el pelo de la cara. Dos episodios de la visión rompedora de la actriz fueron el vestido rosa de cuadros vichy, corto y ahuecado con el que se casó en 1959 con Jacques Charrier, y el atuendo que lució en una cena de gala a la que acudió en el Palacio del Elíseo en 1967, con el general Charles de Gaulle como presidente. Diseñada por Jacques Esterel, la pieza de la mediática boda buscaba inspiración en ciertos vestidos de las chicas de los medios rurales de Francia. “Ella no tiene rigurosamente en cuenta la moda (...) se viste así porque es su naturaleza, se viste como ella quiere vestirse”, manifestaba el propio Esterel. El episodio del Elíseo sucedió en 1967, en el apogeo de su popularidad. Entonces, Bardot fue invitada para la cena anual de las Artes y las Letras, a pesar de la oposición de Yvonne de Gaulle, mujer del presidente. A ella se le atribuye la frase de que no quería ver a “esa cosita que se pasea desnuda”. El ministro de Cultura de entonces, André Malraux, le explicó que ella era la actriz más popular de Francia y que reportaba al país más ingresos que Renault. La primera dama accedió con la condición de que llevase un vestido negro y, sobre todo, un moño. Aquella noche, sin embargo, llegó con la melena suelta y vestida con un traje de corte militar de la firma Renoma. Se dice que fue la primera mujer en presentarse al Elíseo en pantalones. En el maquillaje, Bardot fue también una pionera. Una de sus marcas fue usar alrededor de los ojos un lápiz negro muy blando para dibujar una línea gruesa que se extendía hacia afuera y hacia arriba en las esquinas, dándole una expresión felina. EFE

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