30 nov. 2025

Bitcoin y la volatilidad

Por Bruno Vaccotti.
Columnista invitado.

Close-up of golden Bitcoins on a dark reflective surface and the histogram of decreasing crypto in the background

Bitcoin avanza con o sin permiso. La liquidez sube, baja, se tensa, se expande, pero su esencia no cambia.

Gentileza

La conversación sobre la liquidez de Bitcoin siempre aparece en los mismos momentos: cuando el mercado se sacude dos centímetros o cuando un autodenominado experto decide que es el momento de repetir que “esto es demasiado volátil para ser serio”. Nadie habla de liquidez cuando el precio sube. Ahí la volatilidad se vuelve épica, espiritual, casi sexual. Basta una corrección para que broten analistas del apocalipsis por todas partes. Esta discusión en la mayoría de los casos está mal encuadrada: no es solo volatilidad, es la estructura de liquidez.

Bitcoin, para desgracia del sistema financiero tradicional, funciona según una lógica que ellos no controlan ni entienden: su precio responde más a millones de seres humanos acumulando en silencio que a un banco central empujando una palanca.

Todavía hay gente que cree que Bitcoin sube o baja “porque sí”. El mercado de Bitcoin se parece más a un mapa de presión: hay momentos en que la liquidez se seca, se tensa, y cualquier movimiento genera desplazamientos bruscos. Y ahí aparecen los personajes de siempre, los que llevan años esperando “tener razón”, aunque sea por tres horas. Se llenan la boca, dan cátedra, desaparecen y reaparecen según la dirección de la vela. Se hace mucho ruido para explicar lo que, en esencia, es solamente un reacomodo normal de un activo cuya liquidez está en plena transición.

Bitcoin nunca fue un mercado bonito. No nació para lucir perfecto en una foto ni para tranquilizar al director de riesgos de un banco europeo. Nació para ser libre. Y los mercados libres son incómodos, desprolijos, impredecibles. No tienen un Banco Central que acomode el desastre. ¿Qué tienen? Riesgo. Y ese riesgo, que aterra a tantos, es justamente lo que hace fuerte a Bitcoin. La liquidez no se inventa en un power point ni se decreta en una reunión de directorio: se construye con tiempo, con gente que participa y entiende. Después de casi dieciséis años, la liquidez de Bitcoin es mayor que nunca.

La volatilidad no es el enemigo, es el precio que se paga por la libertad. Lo que sí sería preocupante es la apatía: un mercado muerto, sin movimiento, sin contradicción, sin sangre. Hoy nos encontramos en el escenario opuesto. Cada caída viene acompañada de métricas de red históricas, países probando modelos serios de adopción, empresas acumulando en su balance y un ecosistema que no solo crece: se robustece. La volatilidad de Bitcoin es la señal vital de un mercado que está descubriendo su precio global a cielo abierto, sin intermediarios.

Lo más fascinante es que la tendencia de fondo siempre es la misma: la liquidez aumenta. La profundidad del mercado aumenta. Los participantes aumentan. La infraestructura se profesionaliza. A medida que el mercado madura, estos movimientos dejan de sentirse como tragedias existenciales y pasan a ser parte de la respiración natural de un activo que está absorbiendo capital global de forma insistente.

Bitcoin avanza con o sin permiso. La liquidez sube, baja, se tensa, se expande, pero su esencia no cambia. El precio puede asustar a los impacientes, pero los fundamentos están donde siempre estuvieron: sólidos, aburridamente sólidos.

El mercado está aprendiendo a convivir con un activo que se niega a moverse en línea recta. Y en esa desobediencia está la verdadera señal de que algo profundo está ocurriendo. Bitcoin no vino a acomodarse al sistema. Vino a exponerlo.

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