05 jun. 2026

Bienaventurados los limpios de corazón

En el mensaje a los jóvenes pronunciado durante su viaje al Paraguay, Juan Pablo II se hacía eco de esta bienaventuranza: “¡Solo un corazón limpio puede amar plenamente a Dios! ¡Solo un corazón limpio puede llevar plenamente a cabo la empresa de amor que es el matrimonio! ¡Solo un corazón limpio puede servir plenamente a los demás!

Sabéis bien que cuando no se respetan los principios de la ley natural sobre la sexualidad se convierte a las personas en objetos, y todo el gran contenido del amor viene a reducirse a un mero intercambio egoísta. Se despoja de verdadera humanidad a la unión entre varón y mujer, rebajándola a la dimensión animal, que es incompatible con la dignidad de los hijos de Dios. No faltan quienes convierten la capacidad generativa del hombre y de la mujer en objeto de comercio, proclamando como conquistas de la libertad lo que es pura y llanamente degradación de la persona y ofensa del Creador”.