06 mar. 2026

Bartomeu Melià, un sacerdote español entre la biblioteca y la selva paraguaya

Asunción, 11 may (EFE).- Estudioso y defensor de la lengua y cultura de los indígenas guaraníes de Paraguay, el sacerdote español Bartomeu Melià (Porreras, Mallorca, 1932) niega ser antropólogo ni lingüista, pero su curiosidad le ha llevado a compaginar a lo largo de su vida encierros en bibliotecas con estancias en plena selva.

Fotografía tomada el pasado 5 de mayo en la que se registró al sacerdote español Bartomeu Melià, durante una entrevista con Efe, en Asunción (Paraguay). EFE

Fotografía tomada el pasado 5 de mayo en la que se registró al sacerdote español Bartomeu Melià, durante una entrevista con Efe, en Asunción (Paraguay). EFE

“De los mallorquines se dice que salimos corsarios o misioneros, y por algo de eso llegué yo a Paraguay”, ironiza Melià en una entrevista con Efe en Asunción, ciudad a la que fue destinado como sacerdote jesuita en 1954, pocos meses después de la llegada al poder del dictador Alfredo Stroessner.

Al llegar al país comenzó a estudiar la lengua guaraní, un idioma que acabó volviéndose el eje de sus estudios, “aunque muchos curas decían entonces que la lengua no duraría más de 20 años”, recuerda.

Melià estaba especialmente interesado en cómo los religiosos jesuitas, responsables de la evangelización de grupos indígenas en los siglos XVII y XVIII en las llamadas reducciones de Paraguay, Argentina, Brasil o Bolivia, habían empleado y transformado la lengua guaraní para comunicarse con los nativos.

Los guaraníes de entonces escribían en su lengua desde diálogos cotidianos a crónicas de guerra, y también traducían al guaraní obras religiosas europeas, que ilustraban con grabados en los que los lobos se convertían en jaguares.

El interés de Melià por la cultura guaraní fue más allá de los textos, y en 1969 le llevó a contactar con los nativos de las cuatro grandes etnias guaraníes presentes en la región oriental de Paraguay: los mbyá, los avá guaraní, los paî tavyterâ y los aché.

Este último pueblo, que ocupaba tierras fértiles y atractivas para el negocio agrícola, fue víctima de una campaña de genocidio acompañada de expulsiones, cacerías y secuestros de niños, respaldada por el Gobierno de Stroessner.

Melià denunció la agonía de los aché en un libro que, aunque no fue censurado, le valió la enemistad del régimen dictatorial, que le expulsó del país en 1976.

El exilio le brindó la oportunidad de viajar hasta Roma e investigar en los archivos del Vaticano, hasta que tiempo después fue invitado a participar en un curso en Sao Paulo (Brasil), donde se le ofreció la posibilidad de visitar la selva amazónica y al desconocido pueblo indígena de los enawene-nawe.

“En el Amazonas acababan de contactar a un pueblo indígena, un nuevo pueblo, y eso es el sueño de cualquier antropólogo. Era una nación de 139 personas con lengua y modos de vida propios. Ellos me conquistaron”, recordó.

Melià convivió con los enawene-nawe de Brasil durante varios años, y a lo largo de su estancia en el país conoció a un total de siete pueblos nativos diferentes, de quienes aprendió a “hacer un poco el indio”, dice.

“Allá vivía como ellos, comía monos, papagayos... Un día tuve que ir al doctor y encontró dentro de mí gusanos, parásitos, amebas... Era un arca de Noé”, relata el sacerdote.

Anécdotas aparte, a Melià le llamó la atención el sistema de educación indígena, una “solución utópica” en la que la enseñanza es comunitaria y los niños aprenden jugando, en escuelas que no tienen edificios.

“Los indígenas llevan 1000 o 2000 años aprendiendo de la misma manera, y nunca han dejado de ser quienes son. En cambio los paraguayos estamos cada vez peor, en un proceso irreversible de deforestación lingüística, económica, política...”, expuso.

Según él, Paraguay está empeñado en destruir el pensamiento de los indígenas, basado en la reciprocidad y la propiedad colectiva, para imponer un modelo de propiedad “privada y privatizante” que busca “tapar los derechos” de la población.

Melià ha sido testigo de esta degradación desde que regresó a Paraguay en febrero de 1989, el mismo día en que caía la dictadura de Stroessner, y trata de luchar contra ella desde distintos frentes, como las misas en guaraní que pronuncia en los Bañados, los barrios pobres e inundables de Asunción.

Su última cruzada le ha llevado de vuelta a los escritorios, con la adaptación al guaraní de una versión didáctica del Quijote, en la que el ingenioso hidalgo viste camisas de ao poi, un tejido típico de Paraguay, y en lugar de pueblos manchegos, recorre emblemáticos lugares de Asunción como el Palacio de Gobierno o la Casa de la Independencia.

El texto, del que se encuentra ultimando las correcciones, “no es solo una traducción, un cambio de casa, sino una adaptación, un cambio de ambiente”, y busca recrear el modo de pensar de los indígenas, a quienes tanto admira.

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