En el cancionero popular universal, el tema del hombre que pisa los talones de su amada, pero ésta se vuelve inalcanzable, es recurrente.
En nuestro país, Marcelina Rosa Rivero, de Roque Mereles, es el ejemplo clásico. Él regresa de su trabajo y ya no halla a la dueña de su corazón. Empieza su búsqueda afanosa, desesperada casi. Pregunta y sigue las pistas que le dan sus informantes. Invariablemente, donde pone sus pies, le dicen que acababa de marcharse.
Una polca que habla de manera menos explícita de esa situación, pero que remite a idéntico episodio, es Aurorita, del músico y compositor Germán Bogado, oriundo de Coronel Bogado (Itapúa), donde nació el 11 de octubre de 1919.
El que relata lo sucedido es el ingeniero Miguel Ángel Achón, infatigable propulsor de la música paraguaya. “Germán Bogado vivía, alrededor de 1978, en la casa de un primo suyo de apellido Rojas, en Encarnación, con Aurorita. La que a mí me pasó los datos es María Ester Rojas, cantante e hija del dueño de casa. El apellido de la mujer quedó en el olvido”, cuenta el que durante varios años resistió heroicamente al frente del restaurante El Refugio del Bohemio y todavía sigue pensando en un espacio que una con éxito gastronomía, polcas y guaranias.
“Las peleas eran constantes porque, como buen músico, Germán le decía al salir que volvería al día siguiente. Regresaba, sin embargo, en uno a dos meses. Ella se cansó y se marchó, primero a la casa de su madre, que estaba en la localidad de Mayor Otaño. El bandoneonista no la encontró y se fue a buscarla. Cuando llegó, la mamá le dijo que había cruzado el Paraná, hacia El Dorado, Argentina. El músico alquiló una canoa y pasó al otro lado, pero tampoco la pudo ubicar. Se fue definitivamente”, sigue contando Achón, en Carapeguá, durante el festival donde el músico y compositor Bruno Cáceres presentó un disco que reúne canciones dedicadas a la tierra del poyvi.
Al perder a la mujer que amaba, Germán se quedó con una profunda tristeza. De a poco, en medio de sus compromisos artísticos, de su bandoneón le fueron creciendo las alas a la melodía de Aurorita. Tal vez porque no era suficientemente explícita como para hablar de su congoja, algún tiempo después le escribió la letra. De ese modo iba a quedar más claro por qué su alma estaba deshabitada de alegría.
“Primero hizo la melodía en su instrumento y luego le puso la letra. Allí expresa, primero en guaraní y luego en castellano, todo lo que sintió al quedarse solo. Por lo visto le quería mucho. Contaban que después de las agrias disputas de pareja, él se colocaba en una hamaca en el patio y lloraba sin consuelo”, acota Achón, sin hacer precisiones con respecto a que la joven pudo no haber bajado en la orilla muy sola.
“Una de las grabaciones más sentidas es la de Aníbal Lovera”, concluye Miguel Ángel.
Al volver de sus actuaciones, Germán Bogado no encontró en su casa a su compañera. Salió a buscarla, pero ya no pudo alcanzarla.
Memoria viva
Mario Rubén Álvarez
Poeta y periodista
alva@uhora.com.py
Aurorita
Aurorita rembyasymanteva’erâ ko rejapóva
ne ñañágui che rejáma tesaráipe tyre’ÿ
si rehóma pe gosávo oñondive ne mborayhu
chéntena taha che yvotymi, eju jey nde vallemíme
rehecha haguâ nde sy, ani che causa rehoite,
nde rogami ko itapere nde yvotykuéraicha avei.
Alma mía, ya no tengo la esperanza de encontrarte,
sin consuelo lloraré por tu amor y después morir.
Vida mía: en estos versos por eso te digo adiós mi amor
y que esta canción sea el recuerdo de haberte querido tanto
con ternura y pasión; ruego que nunca te arrepientas
y ni la tristeza invada a tu ingrato corazón.
Letra y música: Germán Bogado