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Aumentar la fe

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 17, 5-10.

En la Segunda lectura, San Pablo exhorta a Timoteo a mantenerse firme en la vocación recibida y a llenarse de fortaleza para proclamar la verdad sin respetos humanos: Aviva el fuego de la gracia de Dios; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio. Santo Tomás comenta que ‘la gracia de Dios es como un fuego, que no luce cuando lo cubre la ceniza’.

Existe una fe muerta, que no salva: es la fe sin obras, que se muestra en actos llevados a cabo a espaldas de la fe, en una falta de coherencia entre lo que se cree y lo que se vive. Existe también una ‘fe dormida’, ‘esa forma pusilánime y floja de vivir las exigencias de la fe que todos conocemos con el nombre de tibieza’.

El Evangelio de la Misa nos presenta a los Apóstoles que, conscientes de su fe escasa, le piden a Jesús: Auméntanos la fe. Así lo hizo el Señor, pues todos terminarían dando su vida, supremo testimonio de la fe, por atestiguar su firme adhesión a Cristo y a sus enseñanzas. Se cumplió la Palabra del Señor: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este árbol: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería. La transformación de las almas de quienes se cruzaron en su camino fue un milagro aún mayor.

También nosotros nos encontramos en ocasiones faltos de fe, como los Apóstoles, ante dificultades, carencia de medios... Tenemos necesidad de más fe. Y esta se aumenta con la petición asidua, con la correspondencia a las gracias que recibimos, con actos de fe. ‘Nos falta fe. El día en que vivamos esta virtud –confiando en Dios y en su Madre–, seremos valientes y leales. Dios, que es el Dios de siempre, obrará milagros por nuestras manos.

“-¡Dame, oh Jesús, esa fe, que de verdad deseo! Madre mía y Señora mía, María Santísima, ¡haz que yo crea!”.

El papa Francisco a propósito de la lectura de hoy dijo: “Jesús habla de este siervo que después de haber trabajado durante toda la jornada, una vez que llega a su casa, en lugar de descansar, debe aún servir a su señor”.

“Alguno de nosotros aconsejaría a este siervo que vaya a pedir algún consejo al sindicato, para ver cómo hacer con un patrón de este tipo”.

“Pero Jesús dice: ‘No, el servicio es total’, porque él ha hecho camino con esta actitud de servicio; él es el siervo. él se presenta como el siervo, aquel que ha venido a servir y no a ser servido: así lo dice, claramente”.

“Y así, el Señor hace sentir a los apóstoles el camino de aquellos que han recibido la fe, aquella fe que hace milagros. Sí, esta fe hará milagros por el camino del servicio.....

Un cristiano que recibe el don de la fe en el Bautismo, pero que no lleva adelante este don por el camino del servicio, se convierte en un cristiano sin fuerza, sin fecundidad.

Y al final se convierte en un cristiano para sí mismo, para servirse a sí mismo. De modo que su vida es una vida triste, puesto que tantas cosas grandes del Señor son derrochadas.

“El Señor nos dice que el servicio es único, porque no se puede servir a dos patrones: ‘O a Dios, o a las riquezas’. Nosotros podemos alejarnos de esta actitud de servicio, ante todo, por un poco de pereza. Y ésta hace tibio el corazón, la pereza te vuelve cómodo”.

“La pereza nos aleja del servicio y nos lleva a la comodidad, al egoísmo. Tantos cristianos así, son buenos, van a Misa, pero el servicio hasta acá”.

“Y cuando digo servicio, digo todo: servicio a Dios en la adoración, en la oración, en las alabanzas; servicio al prójimo, cuando debo hacerlo; servicio hasta el final, porque Jesús en esto es fuerte: Así también ustedes, cuando habrán hecho todo aquello que les ha sido ordenado, ahora digan somos siervos inútiles”.

(Frases extractadas de http://www.homiletica.org/francisfernandez/franciscofernandez0818.htm y https://www.pildorasdefe.net/liturgia/evangelio-Lucas-17-7-10-siervo-inutil-hacer-deber-cristianos-perezosos

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