El pronunciamiento destaca que el objetivo es fortalecer la comprensión del papel de María sin alterar el papel de Jesucristo ''como único mediador y redentor’’. Por eso, en su mensaje difundido bajo el título Mater Populi Fidelis – María, Madre del Pueblo Fiel, el episcopado refiere que “a la Virgen María no se le quita nada. Sin embargo, al mismo tiempo no debemos agregarle lo que ella misma no quiso para sí”.
El texto explica que la posición oficial responde a consultas elevadas a la Santa Sede, con la intención de “aclarar el verdadero lugar de María en el plan de Dios para que no nos confundamos sobre el papel único de Jesucristo como único Mediador y Redentor”.
El Arzobispado destacó que María sí cooperó en la obra de la salvación “porque con su fe y obediencia aceptó ser la Madre del Salvador”. No obstante, aclara que dicha colaboración “es siempre subordinada a la de Cristo”.
Se recuerda la enseñanza de los santos, especialmente la línea de san Agustín, que permite llamarla “colaboradora” o “cooperadora”, pero no corredentora, “ya que decir ‘corredentora’ puede llevar a pensar equivocadamente que María está al mismo nivel que Jesús, y eso no es correcto ni verdadero, ella nunca lo pidió”.
El pronunciamiento enfatiza que la propia Virgen remite siempre a su Hijo: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). “Ella no se pone en el centro. Ella nos lleva al centro, que es Cristo”, expresa el documento.
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La Arquidiócesis reiteró la enseñanza bíblica de que “hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo” (1 Tim 2, 5-6). En ese marco, María intercede “como Madre”, pero “siempre dentro de la única mediación de Cristo”.
El texto recuerda el episodio de las bodas de Caná, cuando María presenta una necesidad –“No tienen vino”– para indicar que su rol materno consiste en conducir al Pueblo Fiel hacia Jesús.
Por eso, el pronunciamiento resalta que evitar títulos inapropiados no disminuye su grandeza, al contrario, la presenta en su gloria verdadera: ‘‘sierva humilde, llena de gracia, totalmente entregada a Dios”.
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Recuerda además que la Virgen “es Madre del Pueblo Fiel, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Intercede, acompaña, abraza, sostiene, inspira”.
Frente a la confusión generada, la Iglesia invita a mantener vivo el amor a María a través de la oración, la confianza y la imitación: “Amemos a María con todo el corazón. Recemos el rosario. Acudamos a ella en las dificultades. Y, sobre todo, dejémonos conducir por ella hacia Jesús, nuestro único Salvador”.