10 oct 2026

Aprender a llevar las cargas unos de otros

Por P. Victor Urrestarazu
vurrestarazu@villamorra.org
No encontraremos camino más seguro para seguir a Cristo y para encontrar la propia felicidad que la preocupación sincera de liberar o aligerar de su lastre a quienes van cansados y agobiados. Se trata de una ayuda mutua.
Pues Dios dispuso las cosas “para que aprendamos a llevar las cargas unos de otros. Porque no hay ninguno sin defecto, ninguno sin carga; ninguno que sea suficiente para sí, nadie tampoco que sea lo suficiente sabio para sí”.
Todos nos necesitamos. La convivencia diaria requiere esas mutuas ayudas, sin las cuales difícilmente podríamos ir adelante.
Y si alguna vez nos encontramos nosotros con un peso que nos resulta demasiado duro para nuestras fuerzas, no dejemos de oír las palabras del Señor: Venid a Mí, porque sólo Él restaura las fuerzas, sólo Él calma la sed. “Jesús dice ahora y siempre: Venid a Mí todos los que andáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré.
Efectivamente, Jesús está en una actitud de invitación, de conocimiento y de compasión por nosotros; es más, de ofrecimiento, de promesa, de amistad, de bondad, de remedio a nuestros males, de confortador y, todavía más, de alimento, de pan, de fuente de energía y de vida”. Cristo es nuestro descanso.
El trato asiduo con Nuestra Madre Santa María nos enseña a compadecernos de las necesidades del prójimo.
Nada le pasó inadvertido a Ella, porque hasta los más pequeños detalles se hicieron patentes ante el amor que llenó siempre su Corazón.