@gabypalmaa
Paraguay está en el radar de las grandes capitales. No solo por su estabilidad macroeconómica y la reciente obtención del grado de inversión –un club al que solo pertenecen 6 de los 26 países de la región–, sino por su crecimiento exponencial: de un PIB de USD 8.800 millones en 1999 a USD 49.300 millones en 2024. Para Orlando Ferreira, director General de Finanzas y Administración de BID Invest, el país vive un punto de inflexión. En esta entrevista con Última Hora, el ejecutivo paraguayo –que mira la región desde Washington– explica cuáles son las fortalezas que hoy seducen a los inversores.
–¿Cómo está viendo BID Invest a Paraguay actualmente y qué impresión tiene de la evolución de su economía?
–Un tema importante es la perspectiva. Nosotros estamos mirando los 26 países de la región y, dentro del contexto de los 26 países de la región, Paraguay ha venido aumentando muy significativamente tanto el interés de BID Invest como el interés de los inversionistas que vienen con nosotros a la región. Ha sido gradualmente más fácil convencer a los inversionistas de que Paraguay es una oportunidad para ellos. Obviamente, BID Invest ayuda en el sentido de que puede proveer inteligencia local. Paraguay ha mejorado muchísimo en la perspectiva de los inversionistas al punto de que antes teníamos que decirles: “¿Quieren venir al país?”. Pero ahora nos buscan y nos dicen: “¿Cómo hacemos para ir al país?”. Y eso es un giro que no lo vemos en todos los países de la región.
–¿Cuáles son hoy las principales fortalezas de Paraguay que están mirando los inversores internacionales?
–Son cuatro o cinco puntos que oímos constantemente de los inversionistas. Lo primero es lo que siempre se habla de Paraguay, el tema de la previsibilidad, el tema de la estabilidad, que está reflejada en el reciente grado de inversión. Solo seis de los 26 países de la región son grado de inversión. Entonces, cuando los inversionistas miran a la región, el primer zoom que hacen son estos países que tienen grado de inversión. Lo otro es el tema de crecimiento. Cuando yo me fui del país en 1999, el producto interno bruto de Paraguay era USD 8.800 millones. El año pasado fueron USD 49.300 millones. Estamos hablando de una multiplicación de más de cinco veces. Lo tercero que oímos mucho es el tema de la naturaleza de la economía abierta en Paraguay. No hay restricciones al capital. A la inversión extranjera se la trata igual que a la inversión local. Y también hay una previsibilidad desde el punto de vista del marco impositivo en Paraguay, que comparado con el resto de la región, es relativamente simple para entender a un inversionista extranjero.
–¿Qué buscan hoy los inversores antes de decidir colocar su capital en Paraguay?
–Bien, oportunidades. Porque las fortalezas también son, en alguna medida, oportunidades. El tema de infraestructura, si bien es un tema que ha mejorado mucho en el país, todavía nos queda mucho por hacer. Entonces, hay una oportunidad de inversión. El tema de las cadenas de valor a través de agronegocios o a través del sistema financiero son oportunidades, son en alguna medida fortalezas, pero también son brechas. Y el otro tema es, que no es un tema menor, es el de la percepción de la seguridad del capital. Hay un tema de permanencia en el tiempo, de cuando los inversionistas perciben que las reglas de juego van a cambiar en los países donde ellos están invirtiendo. También hay un tema de la visión de cómo funciona el mercado financiero en Paraguay, que pueden no ser necesariamente inversiones físicas, pero el hecho de que se muevan recursos al sector financiero también tiene un impacto indirecto porque esos recursos deben terminar invertidos en algún momento.
–¿Qué podría cambiar Paraguay para conseguir inversiones de mayor escala y de más largo plazo?
–Creo que Paraguay se encuentra en un momento muy interesante de su desarrollo. Durante años ha construido credibilidad a través de la estabilidad macroeconómica, la disciplina fiscal y reglas claras, y eso se refleja en hitos tan importantes como la obtención del grado de inversión. La gran oportunidad ahora es dar el siguiente paso: transformar esa confianza en una nueva generación de inversiones de largo plazo. Eso implica ampliar la infraestructura, profundizar el mercado de capitales, seguir fortaleciendo las instituciones y desarrollar más proyectos con escala regional que permitan atraer capital internacional. También veo una oportunidad extraordinaria en sectores vinculados a la energía limpia, la industrialización sostenible y la integración regional. Paraguay tiene ventajas que muy pocos países poseen y hoy está en condiciones de convertirlas en una plataforma para atraer inversiones transformadoras durante las próximas décadas.
–¿Cuáles son las principales brechas de infraestructura que, desde su experiencia, están limitando el desarrollo del país?
–Desde mi punto de vista, veo más oportunidades que brechas. Paraguay ha avanzado de manera significativa en los últimos años y ahora tiene la oportunidad de consolidar una nueva etapa de crecimiento basada en una mejor conectividad logística, energética y digital. La modernización de corredores de transporte, la integración regional, el fortalecimiento de la infraestructura energética y la expansión de servicios básicos pueden generar mejoras importantes en productividad y competitividad. Desde BID Invest hemos visto cómo proyectos de infraestructura bien estructurados generan un efecto multiplicador sobre la inversión, el empleo y el desarrollo empresarial. Cada mejora en conectividad reduce costos, acerca mercados y crea nuevas oportunidades para el sector privado. Por eso, creemos que la infraestructura no debe verse únicamente como una necesidad, sino como una de las mayores plataformas de crecimiento para Paraguay durante los próximos años.
–¿Dónde ve mayores oportunidades para la participación del sector privado en Paraguay?
–Desde BID Invest vemos oportunidades muy atractivas en energía, infraestructura, agronegocios, servicios financieros, economía digital y manufactura sostenible. Paraguay cuenta con una ventaja única en la región por su acceso a energía renovable abundante y competitiva. Eso abre oportunidades para nuevas industrias vinculadas a la transición energética y la descarbonización. También existe un enorme potencial para que el sector privado acompañe el desarrollo de infraestructura, impulse la digitalización de la economía y amplíe el acceso a financiamiento para empresas de todos los tamaños. La experiencia reciente demuestra que cuando se combinan visión de largo plazo, capital privado e instituciones sólidas, es posible acelerar el crecimiento y generar impacto de manera sostenible. Lo que más me entusiasma es que Paraguay ya no es visto únicamente como un productor de materias primas. Cada vez vemos más oportunidades relacionadas con innovación, conectividad, sostenibilidad y creación de valor agregado.
–¿Cómo evalúa el acceso al financiamiento que tienen actualmente las empresas paraguayas?
–Creo que Paraguay ha logrado avances muy importantes en los últimos años. El sistema financiero es sólido, existe una creciente oferta de los instrumentos disponibles y el mercado de capitales ha mostrado una evolución muy positiva. Al mismo tiempo, existe una gran oportunidad para seguir ampliando el acceso al financiamiento de largo plazo, especialmente para pequeñas y medianas empresas. Precisamente ahí es donde instituciones como BID Invest pueden generar mayor valor agregado. A través de nuestras emisiones en moneda local y de nuestro trabajo con instituciones financieras paraguayas, hemos contribuido a ampliar el acceso al financiamiento para cerca de 90.000 pymes, apoyando aproximadamente 65.000 empleos.
–¿Cuáles son los principales riesgos que podrían afectar las perspectivas económicas de Paraguay en los próximos años?
–Toda economía abierta enfrenta desafíos externos, ya sea cambios en el contexto internacional, variaciones en los mercados globales o fenómenos climáticos. Pero cuando observo Paraguay, veo una economía que ha demostrado una notable capacidad de adaptación y resiliencia. Paraguay llega a esta nueva etapa con fundamentos sólidos, mayor visibilidad internacional y un creciente interés de inversionistas. Si continúa avanzando en la agenda de productividad, infraestructura e inversión privada, tiene condiciones para consolidarse como uno de los destinos más atractivos de inversión de América Latina.