14 ago 2026

Anécdotas

* Lo primero que Abente y su amigo Lamboglia hicieron al llegar a la capital argentina fue alquilar una pieza cerca de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Una madrugada, Carlos escuchó que en un cuarto cercano al de ellos, un hombre le retaba a su mujer en guarani. Al rato, vio que salía un hombre vestido de riguroso blanco, incluida la alta gorra que llevaba. Poco después del amanecer, regresó con el agregado de una bolsa de pan. Tres días después Abente lo saludó: él era nada menos que el gran guaireño Prudencio Giménez. Se hicieron inmediatamente amigos. Le contó que era maestro de pala en una panadería. Desde el siguiente día, el autor de Caturi Abente ?clásico para arpa dedicado a María Estela, primogénita de Carlos y Eva? traía dos bolsitas de pan: una para su familia, otra para sus nuevos amigos. <br> <br>* Al bandoneonista Severo Rodas ?también gua’i? le operó el Dr. Abente. Salió tan bien la cirugía que el compositor creó en su honor Po porâ.<br> <br>* A Flores también le operó de la vesícula. Como el creador de la guarania era muy karuvai y el posoperatorio exigía dieta rigurosa, lo llevó a su casa. Un día, José Asunción se levantó y le pidió a la empleada que le fritara 12 huevos. ?Ja’akueráma?, se automedicó. La joven le dijo que tenía una estricta orden de no ceder a sus pedidos. Tanto insistió el maestro que la chica terminó haciéndole caso. Comió todo y se fue. El tiempo demostró que efectivamente ya estaba curado. <br> <br>* Abente?i, como le decían sus amigos paraguayos, vendía diarios para sobrevivir. Cuando rendía, los canillitas kurepas le hacían su trabajo. Y a la tardecita, le llevaban su ganancia.<br> <br> * Ipo?írô la piola, hacía también de sparring en un gimnasio. Ligaba, pero comía durante varios días.<br>