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Alfredo Mendoza: “Diego Armando era ya una isla”

 

En 1993, el fútbol argentino vivía un romance viento en popa con la televisión. Torneos y Competencias, la empresa televisiva liderada por el paraguayo Carlos Ávila, se había planteado invertir en la repatriación de Diego Armando Maradona para dotar de espectáculo al torneo local. Argentinos Juniors, donde el Pelusa había debutado, San Lorenzo de Almagro y Newell’s Old Boys de Rosario se disputaron el ser elegidos por la estrella: el club donde jugaría en su regreso a su país luego de doce años.

Futbolista en situación de desempleo tras su paso sin mayor trascendencia por el Sevilla español y, antes de eso, tras los quince meses de suspensión por dopaje en Italia, Maradona informó de su dictamen a Marcos Franchi, su representante: “Me gusta Newell’s, Marcos. Vamos ahí.”

Rosario entonces se revolucionó. El 13 de septiembre de 1993, 40 mil hinchas de Newell’s, entre los que se encontraba un Lionel Messi de seis años, abarrotaron Parque Independencia en el primer entrenamiento del Diez con el primer equipo. En el plantel había tres paraguayos ese día. Carlos Morales Santos y Carlos Torres llegaron también ese año. Allí se encontraron con quien lo había hecho la temporada anterior: Alfredo “Coco” Mendoza.

La llegada de Diego al club fue “espectacular para los compañeros”, cuenta el zurdo encarnaceno. “No había diferencia entre nosotros. Era un tipo que cayó en el fútbol argentino como un bálsamo”, cuenta Mendoza en conversación con ÚH. “¡Imaginate! Nosotros vivíamos viéndolo jugar por la tele. Para nosotros era alguien admirado por su calidad futbolística y por su rebeldía”.

Estas dos dimensiones de Maradona, la de dentro de la cancha y la de fuera de ella, son esenciales para quien vistió la camiseta leprosa en 93 partidos y marcó 13 goles.

Con respecto al de la cancha, Mendoza confirma lo que conocemos: “Era impredecible, mágico. Tenía una virtud con la pelota, un enganche genial, una gran pegada, carácter, fuerza, toque, clase. Todo lo que uno sueña ser. Hacía todo bien”, redondea.

En el otro aspecto, Maradona “siempre tuvo una línea de conducta muy a favor de los jugadores. Dejó de lado la relación con la dirigencia. Un jugador de élite generalmente tiene vínculos cercanos con los dirigentes. Él no”.

“Maradona en su tiempo ya era una isla”, agrega el Coco. Se refiere a su lucha por el respeto al futbolista, a su crítica casi solitaria al sistema de la FIFA ante el sesgo comercial que iba tomando el fútbol. “Para ser una estrella de su nivel no era lo comercial lo que quería, no bajó a ese lugar. Para mi él era el mensaje de que hay gente que piensa en el otro”, resume el ex jugador paraguayo.

Para él, el ejemplo de Maradona es, más que cualquier otra cosa, humano. “Estamos en crisis de humanidad y la gente no piensa en el otro, no se pone en su lugar. Eso hacía Diego”, concluye.


El Coco compartió vestuario con el Pelusa y reflexionó sobre su breve paso por Newell’s.

“Era impredecible, mágico. Tenía una virtud con la pelota, un enganche genial, una gran pegada, carácter, fuerza, toque, clase”.

“Para ser una estrella no era lo comercial lo que quería, no bajó a ese lugar. Él era el mensaje de que hay gente que piensa en el otro”.

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