01 ene. 2026

Al final, nada pasó en Curuguaty

Para el surrealista Poder Judicial paraguayo, un día cualquiera podés ser considerado un violento y peligroso terrorista culpable del asesinato de 11 campesinos y de 6 policías en algún conflicto agrario, ser el argumento de un golpe disfrazado de juicio político para derrocar a un gobierno legítimamente electo, ser acusado en un politizado proceso judicial sin pruebas fehacientes, ser condenado a entre 18 y 35 años de cárcel, permanecer 6 años en prisión... y otro día cualquiera convertirte en víctima inocente y quedar en libertad gracias al fallo de una sala penal de la Corte que decide anular todo lo actuado: "¡Ups, me equivoqué! Perdón por los seis años de cárcel y por todo el calvario que les hicimos pasar. ¡Podéis ir en paz! ¡Demos gracias a la señora Justicia!”.

Es reconfortante ver a las víctimas respirando de nuevo el dulce aire libre, ver sonreír a los familiares y a los solidarios luchadores que nunca se doblegaron –un reconocimiento especial a la heroica terquedad de Margarita Durán Estragó y Nenena Kannonikoff, como a la del incansable Pa’i Oliva–, pero es discutible convalidar el discurso triunfalista de muchos líderes políticos y sociales, quienes aseguran que “al fin se hizo justicia”.

¿Cuál justicia? Más bien, lo que se hizo fue frenar y tratar de reparar una arbitrariedad demasiado evidente, que más temprano que tarde iba a ser un lastre incómodo para los ñembo nuevos actores del mismo viejo sistema político, que necesitan dar urgentes señales de cambio ante el hartazgo social y sobre todo ante la presión internacional. Hay demasiada expectativa en el ambiente y hacía falta transmitir la idea de que algo puede ser diferente –por más que todo siga igual– ¿y qué cuestión judicial más emblemática que el caso Curuguaty?

Es bueno ver que el propio Poder Judicial admita ahora que el juicio fue una farsa. Es bueno ver a los acusados libres, saber que no se van a chupar los 18, 20 o 35 años de cárcel, pero ¿quién les devuelve los 6 años de prisión que ya se chuparon? ¿Quién les devuelve el dolor, las pesadillas, las lágrimas...?

Lo más jodido es la lectura que deja este caso: Un sistema de justicia que es una absoluta joda, que un día cualquiera te puede acusar sin pruebas de ser el peor asesino y seis años después declararte una inocente víctima. Un Poder Judicial capaz de avalar la violación constitucional para favorecer la continuidad de una mafia política totalitaria, pero que ante su evidente fracaso abre el paraguas y finge ser distinta y hasta capaz de cambiar. ¿Como confiar en un sistema judicial así?

Ok. Aplaudamos y celebremos la libertad de los presos de Curuguaty, pero no nos olvidemos de que siguen sin contarnos qué pasó en Curuguaty. O lo que es peor: con esta anulación, tras 17 muertos y la caída de un gobierno, nos aseguran oficialmente que allí nunca pasó nada.